Las profundidades de la Fosa de las Marianas o la exploración del océano profundo siempre ha sido cosa de científicos y máquinas dirigidas a distancia. China quiere que deje de serlo y ya tiene un ambicioso plan en marcha: llevar a turistas adinerados a 1.000 metros de profundidad, donde no llega la luz del sol y donde un fallo de ingeniería no tiene vuelta atrás.
El proyecto llega tres años después de la tragedia del Titan, el sumergible de OceanGate que en junio de 2023 implosionó mientras estaba visitando los restos del Titanic en el que murieron sus cinco ocupantes. Lejos de frenar su empeño, China sigue adelante con una propuesta que, al contrario que el Titan, viene respaldada por décadas de ingeniería naval desarrollada con el respaldo de China.
Cuatro plazas muy cotizadas. Ye Cong, director del Centro de Investigación Científica Naval de China, contó a China Daily que «tras más de cuatro años de investigación, los ingenieros han finalizado el diseño estructural» y que, una vez construido el prototipo, «llevarán a cabo pruebas en el mar y luego mejorarán el diseño en función de los resultados». El sumergible tendrá espacio suficiente para acomodar a cuatro personas, piloto incluido, por lo que, de entrada, la disponibilidad de plazas es muy reducida. Esta escasez de vacantes se espera que contribuya a que los precios por ocupar cada asiento se disparen.
Uno de los problemas más complejos del pequeño submarino ya está resuelto: el visor panorámico. Sus diseñadores lo describen como «uno de los códigos estructurales más difíciles de descifrar en un sumergible de aguas profundas». Y tiene sentido ya que a 1.000 metros de profundidad la presión es unas 100 veces mayor que en la superficie, y esa ventana tiene que aguantarla sin ceder.

El ser humano no está hecho para las profundidades del mar, pero nos empeñamos en explorarlas: hasta dónde puede llegar un submarino
Un salto al abismo sin precedentes. Este no es el primer sumergible que operan los ingenieros chinos. Sin embargo, tal y como cuentan en South China Morning Post los nuevos proyectos que se están poniendo a prueba superan con creces las profundidades a los que operan los actuales sumergibles, que no bajan de los 20 metros de profundidad. Sirven para lagos, embalses y costas poco profundas, por lo que pasar de ahí a 1.000 metros es multiplicar por 50 la profundidad operativa.
El mismo centro de ingeniería naval que ahora está construyendo esta nueva generación de minisubmarinos tripulados ya construyó los Huandao Jiaolong 1 y 2, dos sumergibles turísticos con capacidad para siete pasajeros y un límite de 40 metros. Sin embargo, en aquella ocasión, las operaciones de inmersión se suspendieron por restricciones regulatorias, pero todo lo aprendido entonces se ha aplicado el nuevo diseño.
China se sumerge en el terreno de la exploración submarina. Occidente lleva décadas dedicadas al diseño de sumergibles para inmersiones profundas. Empresas como Deep Rover, Triton y U-Boat Worx llevan fabricando sumergibles de más de 1.000 metros desde 1985 y hasta ahora no tenían competencia china en ese segmento. El nuevo proyecto desarrollado por Centro de Investigación Científica Naval de China cambia ese escenario avalado por la experiencia previa del Jiaolong, el Deep Sea Warrior y el Fendouzhe, tres naves que el año pasado completaron más de 300 inmersiones en todo el mundo y acumularon más del 50% de todas las expediciones tripuladas de aguas profundas a escala global.
Ye Cong aseguraba a la agencia de noticias china que el sumergible: «será un activo valioso para líneas de cruceros, operadores turísticos de alta gama e investigadores oceanográficos. Ofrecerá a los viajeros más exigentes una experiencia inolvidable en la exploración del océano». El prototipo debería estar listo antes de que acabe 2026, con el debut comercial previsto antes de 2030.
Mucho más que un «juguete» turístico: es una estrategia clave. Este sumergible no es solo un mero producto destinado al uso turístico de los millonarios con inquietudes aventureras. Forma parte de la estrategia de China para hacerse fuerte en la economía azul, el sector de actividades económicas ligadas al mar, un sector en vías de desarrollo en el que China busca tener un papel protagonista en el futuro.
El gigante asiático ya lidera la exploración tripulada de aguas profundas y quiere que esa ventaja tecnológica se amortice en forma de negocio privado para sus empresas.
Después de la catástrofe del Titan, buena parte de la industria del turismo submarino de lujo frenó en seco. China es la primera en volver a pisar el acelerador en este ámbito, y este proyecto lo hace respaldado con los recursos del Estado, lo cual le otorga una considerable ventaja con respecto a proyectos que, como el Titan, se desarrollan con fondos e inversores privados.
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Imagen | CSSC
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La noticia
Tras el desastre del submarino para millonarios Titan, China planea llevar a más turistas ricos a 1.000 metros bajo el mar
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Rubén Andrés
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