La Feria de Sevilla quiere crecer. Y es comprensible. Hace un año, cuando anunció sus planes de dar un estirón al recinto ferial, el alcalde hispalense ya advirtió que aunque ahora mismo la cita suma alrededor de un millar de casetas hay otras tantas solicitudes a la espera. A esa enorme demanda se suma el éxito turístico del evento, su capacidad para atraer a miles y miles de visitantes y su potencial económico, que se traduce en un chorreo de millones de euros.
Hay sin embargo un mérito aún mayor del que puede presumir Sevilla: su feria se perfila como el mayor macroevento de Andalucía, una suerte de Coachella castiza que crece mientras otras ferias de la región se estancan o incluso decaen.
¿Una ‘Coachella castiza’? Sí. La expresión quizás resulte chocante, pero salvando las evidentes distancias entre la cita californiana y la hispalense, lo cierto es que ambos eventos comparten algunos paralelismos. El primero y más evidente son las fechas. El segundo. que tanto una como otra se han convertido en macroeventos referenciales, capaces de atraer a miles de visitantes, generar un negocio millonario y sobre todo eclipsar otras citas de naturaleza similar.
En cierto modo también confirma una tendencia que de manera más o menos difusa ha ido tomando forma en los últimos años: el calendario de festivales se está polarizando entre eventos masivos, como la Feria de Abril de Sevilla, capaces de atraer multitudes y sobre todo impulsarse gracias a la turistificación, y otros microeventos con un enfoque mucho más modesto, especializado y local. Entre ambas categorías hay una ‘clase media’ de citas cada vez más eclipsadas.

Cuestión de ferias y magnetismo. Andalucía deja un buen ejemplo de lo anterior. Aunque en la región se celebran muchas más ferias, como la de Nuestra Señora de la Salud en Córdoba (mayo), la del Caballo de Jerez (mayo), el Corpus Christi de Granada (junio), la feria de Málaga (agosto) o la de San Lucas de Jaén (octubre), la de Sevilla es probablemente la que ha logrado mayor repercusión.
Y eso es algo que puede medirse de dos formas: a través de las redes sociales, donde lleva años convertida en fenómeno viral, y en cifras tanto de asistencia como de negocio generado. Para confirmar el primero llega con darse un paseo por Instagram o TikTok, donde la feria ha ido ganando peso convertida en una cita aglutinante y turistificada. Más allá de la fiesta, para los sevillanos es una oportunidad para mostrar el orgullo patrio. Para quienes viven alejados de su código cultural, sobre todo para los visitantes, es un evento exótico.
Cuestión de cifras. Con respecto a lo segundo, las cifras son aplastantes. El año pasado el Ayuntamiento hispalense estimaba en 2.000 millones de euros el impacto económico de la feria, un dato justificada en gran medida por la elevada ocupación hotelera (y el precio medio del alojamiento) que alcanza Sevilla esos días. Algunas fuentes deslizan que en ese cómputo se incluye también la Semana Santa, que se celebra poco antes, pero aún así la cifra es más que considerable.
En cuanto al volumen de visitantes, en los últimos años la afluencia en el Real de Los Remedios, el lugar donde se celebra la feria, se ha estimado en tres millones de personas. A modo de referencia, en Málaga calculan que los espectáculos de su feria atrajeron en 2025 unos 966.000 visitantes. La cita es de hecho tan atractiva que en Madrid ya han impulsado una iniciativa para organizar su propia Feria de Abril, un macroevento que aspira a captar alrededor de 800.000 visitantes.
Ferias que crecen… y bajan. Al margen de los balances de visitantes, la ocupación hotelera o las estimaciones de negocio, hay un dato interesante para entender el empuje de la feria sevillana. El año pasado el Ayuntamiento confirmó sus planes de darle un ‘estirón’, dotando al Real de la Feria de nuevas calles y 220 casetas extra. ¿El motivo? «Actualmente hay casi mil casetas y hay otras mil solicitudes de personas en espera», explicaba el primer edil, José Luis Sanz.
Tan decidido está el Consistorio hispalense emprender la ampliación que el proyecto incluso ha provocado una pequeña crisis con el Gobierno, titular del terreno. El escenario contrasta con el que vive por ejemplo la Feria de Córdoba, que este año contará con 82 casetas. Es un dato relevante porque, como recuerda elDiario, suponen cuatro menos que en 2025 y marcan un mínimo histórico para el evento. Una nueva prueba de que el calendario se divide cada vez más entre celebraciones aupadas por la turistificación y otras de enfoque más local.
Imágenes | Laura Liñán Jaén (Flickr) 1 y 2
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La noticia
La Feria de Sevilla está creciendo tanto que ya no solo es el el gran macroevento de Andalucía: es la ‘Coachella castiza’
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Xataka
por
Carlos Prego
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