“Esta ya no es mi historia” seguramente sea la peor frase que puede decir un escritor, y se supone que salió hace no mucho de la boca de George R.R. Martin, más o menos coincidiendo con la avalancha de adaptaciones audiovisuales de su universo ‘Juego de Tronos’.
Existe la eterna pregunta de si el propio autor es el mejor director o showrunner en la adaptación a pantalla de su obra, y dependerá mucho de qué “autor” y qué “obra”. Lo que está claro es que las rutilantes estrellas del mercado editorial no quieren cometer el “error Martin”: ver como tu mundo es transformado por otros sin control ni voz propia.
Sentir que la historia que viste nacer ya no te pertenece debe ser una de las peores experiencias para un creador. Y ante el continuo boom de noticias de adaptaciones que tiene trabajando a Deadline a un ritmo frenético, nombres como Brandon Sanderson o Sarah J. Maas tienen claro que no están interesados en seguir el camino del eterno deudor de ‘Vientos de Invierno’.
El caso Martin
A poco que estés interesado en contenido, entrevistas y noticias sobre las adaptaciones de ‘Juego de Tronos’, es fácil encontrarse con declaraciones de George R.R Martin sobre su descontento, e incluso algo más doloroso, asumiendo lejanía con sus propias adaptaciones. Al inicio del proyecto de ‘Juego de Tronos’ su implicación era mayor y su rol era mucho más decisivo. Pese a que los showrunners principales siempre fueron Benioff y Weiss, y en ellos recayó el control creativo, Martin participó como productor ejecutivo, guionista ocasional y asesor.
Sin embargo, a partir de la temporada cinco su papel fue diluyéndose, y con él su cercanía con el rumbo de la serie. Benioff y Weiss, pese a contar con algunas claves sobre el desenlace, es cierto que tenían una tarea cuanto menos difícil: finalizar una historia que ni su artífice había terminado ya por aquel entonces. No sorprende que ante el camino que iba a tomar el polémico cierre, Martin se bajara del carro y reconociera en numerosas entrevistas que su final no iba a tener nada que ver con el de la serie. Llegue cuando llegue.

Salió regularcillo.
Con esta experiencia, llamémosla agridulce, cabría esperar que Martin fuera más cauteloso con futuras adaptaciones… Pero no. En ‘La Casa del Dragón’ vuelve a figurar como co-creador y productor ejecutivo y, una vez más, al principio todo parecía fluir con normalidad en la primera temporada. Al menos hasta que nuevamente sus diferentes puntos de vista con el showrunner de la serie, Ryan Condal, vuelven a crear tensiones creativas.
Las fricciones ya existen, hasta el punto de que HBO pidió dar un paso atrás en el proyecto a Martin. Meses después el autor regresaría a la producción.
“George y Ryan tuvieron un desacuerdo sobre la dirección que debía tomar la tercera temporada. En ese momento, quedó claro que el proceso y la comunicación con ellos se habían roto y que era necesario empezar de cero. Así que, como es lógico, hubo un periodo en el que todos dimos un paso atrás durante un tiempo hasta que pudimos encontrar una nueva forma de seguir adelante”. HBO insider
Y ahora contamos con ‘El caballero de los siete reinos’, de nuevo con George R.R. Martin como productor y con una implicación activa. Todo parece ir bien con esta nueva adaptación, pero acaba de terminar la primera temporada y la experiencia nos enseña que los problemas empiezan a aparecer a partir de la segunda, así que aún no sabemos qué rumbo puede tomar.
Otros no van a hacer concesiones
Aun así, no se puede poner toda la responsabilidad sobre él o tratar este hecho como un caso aislado. Sin centrarnos en otras disciplinas donde los derechos y autorías también son un campo de minas, en el mundo editorial la relación entre autores y derechos de adaptación siempre han sido complicadas. Basta mirar lo sucedido con la obra de Tolkien; una auténtica maraña legal con derechos fragmentados durante décadas, limitaciones de control creativo de Tolkien y herederos, mientras distintas empresas gestionaban libros, merchandising o personajes.

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Lo que en última instancia resuena, es que incluso tener los derechos tampoco garantiza un control creativo real. El impacto que pueden generar determinadas decisiones o un final controvertido afectan de manera directa a tu obra, al fandom, a tu reputación y, por qué no decirlo, también a tu ego.
Por eso, no es tan loco el énfasis que hacía pocos meses Taylor Swift al haber recuperado los derechos de toda su música; no hablamos solo de los discos, sino de los visuales, dirección creativa, videoclips… y en literatura es un poco lo mismo, es pelear por tener control sobre todo lo que implica tu creación.

Es normal que Sanderson no se quiera pillar los dedos.
Cuando un autor firma con un estudio para adaptar su obra se produce una venta de derechos para ceder la producción de la serie o película, de manera temporal o permanente. Aquí entra un punto importante: estos derechos pueden ser de explotación (incluyendo los libros, posibles spin-offs, merchandising, videojuegos) o pueden ser derechos separados donde la productora o el estudio no tiene toda la propiedad. Ahora bien, teniendo en cuenta los tropiezos de otros escritores con este tipo de acuerdos, lo esencial para esta nueva generación, aunque se produzca la cesión de los derechos, es negociar cláusulas de control creativo.
Aquí es donde Sanderson marcó el camino hace unos meses. Tras años de intentos que no dieron fruto, el autor del Cosmere aprovecha ahora su poder editorial y su legión de seguidores para tomar las riendas de la adaptación de su obra en Apple TV. Él será el arquitecto del universo; se encargará de escribir, producir, asesorar y además tendrá poder de decisión. Ese es un nivel de implicación del que ni tan siquiera disfruta J. K. Rowling o Martin.
“Volé a Hollywood y presenté mis proyectos a todas las principales plataformas de streaming y estudios. Básicamente, todos intentaron pujar por ‘Mistborn’ y ‘El archivo de las tormentas’. Al final, me decidí por Apple. No hubo ninguna reunión negativa, pero parte de la decisión se debió al grado de control que Apple estaba dispuesta a ofrecer” – Brandon Sanderson.
Más allá de ser un creador que recauda millones de dólares con un par de novelas en Kickstarter y que, por tanto, tiene la capacidad de decir “no” a grandes sumas de dinero, es fácil ver en qué momento Sanderson tomó la decisión de sólo firmar un acuerdo de este tipo si se respetaba su visión creativa.
Cuando el Cosmere apenas era un embrión y Sanderson aún tenía un camino muy largo que recorrer como autor, fue designado por Robert Jordan como su sucesor. Y no estamos hablando de forma figurada, sino que al fallecer le encomendó la complejísima tarea de ser quien terminase ‘La Rueda del Tiempo’, una de las obras cumbre de la fantasía. P
or ello, cuando Amazon se decidió a adaptar dicha saga, contó con Sanderson como consultor; o más bien otro asesor de paja como Martin. Así lo confirmó cuando se anunció la cancelación de la serie tras tres temporadas: “No voy a echar de menos que me ignorasen casi por completo; querían mi nombre para dar legitimidad, pero no contar conmigo de una forma significativa”.

Otra superventas internacional y, además, reina del romantasy como es Sarah J. Maas, ha dejado claro que su idea de adaptación va más en sintonía con Sanderson que con Martin. El pasado mes no solo nos arrojó luz (por fin), sobre el estado de ACOTAR y las fechas de publicaciones en el famoso podcast ‘Call Her Daddy’, si no que también nos dejó alguna miga sobre el estado de sus posibles adaptaciones a pantalla.
Tras la muerte clínica de ese acuerdo inicial con Hulu, Maas confirmó que vuelve a tener los derechos de todo su trabajo y que hasta que no tenga la garantía de que no tendrá restricciones, no adaptará su obra a pantalla: «Quiero saber todo sobre cómo se hace, quiero formar parte de ello y quiero que todo se adapte tal y como yo lo imagino, y tal y como sé que los fans lo quieren»
Negociar ese control creativo, y más después de conocer casos que les preceden, no es un capricho. Un showrunner puede aportar una riqueza inmensa y un conocimiento del medio que los escritores desconocen, pero esa última palabra o el derecho de veto es la manera de cubrirse las espaldas de los autores para mantener la esencia de su obra, y sobre todo asegurarse de que su historia llega al público tal y como ellos la concibieron.
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La noticia
George R.R. Martin nunca tuvo control creativo total sobre ‘Juego de Tronos’. Otros autores han aprendido su lección
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Lara Ben-Ameur
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