Llevamos 40 años pensando que España se libró de Chernóbil por estar lejos. AEMET ha descubierto que fue pura suerte

Llevamos 40 años pensando que España se libró de Chernóbil por estar lejos. AEMET ha descubierto que fue pura suerte

«Cuando la lava entre en los tanques, hará que se sobrecalienten y evaporen aproximadamente unos 7.000 metros cúbicos de agua, causando una importante explosión térmica. Nuestras estimaciones son entre dos y cuatro megatones. Arrasará absolutamente todo en un radio de 30 kilómetros incluidos los tres reactores que quedan en Chernóbil.

Entonces, todo el material radiactivo de los núcleos será eyectado con virulencia y propagado por una gran onda sísmica. Puede alcanzar aproximadamente 200 kilómetros y podría ser letal para la población total de Kiev y gran parte de la de Minsk. La liberación de radiación será inmensa e impactará sobre la Ucrania soviética, Letonia, Lituania, Bielorrusia, así como Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía y la Alemania oriental».

Desde que, para celebrar el 40 aniversario de la catástrofe de Chernóbil, AEMET publicó la reconstrucción meteorológica que explicaba por qué España quedó al margen de la nube radiactiva que afectó a buena parte de Europa, no se me van esas palabras de la miniserie que hace unos años estrenó HBO. Sobre todo, porque fue pura suerte.

¿Pura suerte? Pero si Ucrania está lejísimos. Eso es lo que solíamos pensar, que España se libró de la parte más dura del golpe de Chernóbil porque estábamos muy lejos. Sin embargo, los datos del meteorólogo Benito Jose Fuentes dicen otra cosa: tres reconfiguraciones atmosféricas sucesivas que, en el momento crítico, mandaron la nube radiactiva en otra dirección. 

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Pero vayamos paso a paso. Efectivamente, el 26 de abril de 1986 la central nuclear de Chernóbil se convirtió en una inestable «olla exprés» cuya explosión desperdigó radiación por buena parte del continente. De hecho, esa radiación llegó a España poco después: hay evidencia de filtros de aire en Valencia que detectaron la radioactividad el 2, 3 y 4 de mayo. 

Sin embargo, esquivamos lo peor del golpe. Según Fuentes López, la península estuvo al menos en dos ocasiones (el 29 de abril y los días previos al 2 de mayo) a «un giro de viento» de recibir el golpe directo. 

Reconstruyendo el desastre. Fuentes López ha publicado una simulación simplificada que reconstruye a escala cartográfica la evolución del viento en niveles medios y altos de la atmósfera. Esa simulación es la que nos da las claves fundamentales. 

Para empezar, a medio día del 26 de abril, una dorsal de altas presiones se extendía entre la zona de Chernóbil y Escandinavia. Eso hizo que los vientos (a 1.700 metros de altura) canalizaran los contaminantes hacia el norte y que Bielorrusia, las repúblicas Bálticas, Suecia y Finlandia se llevaran el primer impacto. 

El mundo se enteró de lo que estaba pasando, precisamente, por los sensores de una central nuclear sueca dos días después. 

España se la juega. El 29 de abril, el patrón cambió y una borrasca en el Mediterráneo (y un una dorsal en Portugal) hicieron girar el viento hacia Centroeuropa. Según las simulaciones de Fuentes López, con esa nueva dirección era cuestión de horas que la radioactividad llegara a España. 

Sin embargo, entre el 1 y el 2 de mayo una vaguada empujó la nube radioactiva hacia Gran Bretaña (y la dorsal portuguesa hizo de muro que desvió el resto de nubes menores hacia Italia y los Balcanes). 

Un recordatorio. Lo curioso de todo esto es que, según los datos de AEMET, la dispersión obedeció a ondas atmosféricas superiores en niveles altos y no a los patrones superficiales como las borrascas y los anticiclones. Es decir, el trabajo (además de un alucinante trabajo de historia atmosférica) es un recordatorio que normalmente nos relacionamos con una pequeña parte del tiempo atmosférico. 

Eso, claro está, es un error. La atmósfera es un bicho muy complejo lleno de niveles, teleconexiones y relaciones extrañas. Nos jugamos mucho entendiéndola mejor. 

Y ya no hablo de cambio climático, ni fenómenos de ese tipo. Hablo de que en la mayoría de los casos, como ya explicamos muchos expertos, las profundas secuelas psicológicas, sociales y culturales “resultaron ser un problema mucho mayor que la radiación». A nivel climático también lo serán. Y esas sí que no sabemos manejarlas bien.

Imagen | AEMET

En Xataka | Creíamos que la «pata de elefante» era el punto más radioactivo del reactor 4 de Chernóbil. Estábamos equivocados


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Javier Jiménez

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