Nolan ha retratado la Antigüedad sin colores en ‘La Odisea’. Es un error de bulto que lleva en pie desde el siglo XVIII

Nolan ha retratado la Antigüedad sin colores en 'La Odisea'. Es un error de bulto que lleva en pie desde el siglo XVIII

El nuevo tráiler de ‘La Odisea’ de Christopher Nolan tiene todo lo que se espera del director: ambición descomunal, ejércitos de extras, un caballo de Troya, un cíclope, y su ración de polémica. Más allá de las armaduras anacrónicas, tantro en este como en el anterior trailer se ha destacado cómo la película está bañada en un filtro de color (o de no-color, más bien) que convierte la Antigua Grecia en un lugar crepuscular, sin alegría. Lo significativo es que no se trata de una elección inocente.

Falta color. El nuevo trailer, que deja bien claro el músculo visual de la película (cuatro meses de rodaje en el mar, 250 millones de dólares de presupuesto) ha desatado opiniones que hablan de «falta de color», o de una propuesta «oscura, sucia y llena de armaduras negras.» Nolan afirma que ha buscado una aproximación realista a la épica griega, con localizaciones en Grecia, Marruecos, Sicilia e Islandia, efectos prácticos y sin el brillo artificial del peplum clásico de Hollywood. Sin embargo, su aproximación también es una convención visual.

Pasado sucio. El fenómeno está más que estudiado entre los expertos en representación histórica. El blog ‘Tragedy and Farce’ lo analizó en profundidad en 2021, documentando cómo el cine histórico ha terminado asociando sistemáticamente el pasado con marrones sucios, grises metálicos y armaduras sin pulir. La tendencia se hizo tan dominante que terminó filtrándose hacia la fantasía épica: el Gondor de ‘El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey’ funciona con una paleta completamente desaturada que contrasta con los colores vivos del resto de la saga.

Nolan está rodando 'La Odisea' en el Sáhara Occidental. Una buena parte de cine español se le ha echado encima

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El relato. Lo significativo, como contaba la historiadora Patricia González, es que así se construye un relato: se nos manda el mensaje de que el pasado era oscuro, brutal y primitivo, y la modernidad consiste en color y luz. Pasar del blanco y negro al technicolor, un poco en una versión invertida y menos inocente de ‘El mago de Oz’. El pasado es distinto al presente, se nos describe como distante y pre-racional, y a la vez se romantiza en lo militar: el hombre frente al mundo, lo propio frente a lo ajeno, la épica de la violencia noble. Un mensaje ideológicamente cargado hasta los topes, aunque haya autores como Nolan que al adoptarlo no tengan intención de lanzar un mensaje político explícito.

Lo que sabe la arqueología. Desde 1981, el Proyecto de Investigación de Policromía del Liebieghaus, en Frankfurt, analiza trazas de color conservadas en esculturas y fragmentos arquitectónicos clásicos gracias a una combinación de técnicas que incluyen fotografía ultravioleta, espectroscopía de fluorescencia de rayos X y análisis químico de pigmentos. Sus conclusiones son que las esculturas de mármol y bronce estaban pintadas con rojos vivos, azules profundos, verdes y dorados. Sus reconstrucciones físicas se mostraron al público por primera vez entre 2003 y 2004 en Múnich, el Vaticano y Copenhague, bajo el título ‘Gods in Color’. 

La policromía no se limitaba a las esculturas. La ropa se teñía, las paredes se pintaban, las armas de la élite se adornaban, los tapices contaban historias con ilustraciones de colores intensos plasmados con técnicas complejas e intrincadas. Hay que tener en cuenta que el mismo término «policromía» lo acuñó el teórico Antoine-Chrysostome Quatremère de Quincy en 1814 a partir de las excavaciones de Pompeya y Herculano.

El origen del problema. En el Renacimiento, restauradores convencidos de que la pintura que cubría las esculturas era suciedad acumulada la eliminaron, y para el siglo XVIII apenas quedaban trazas visibles. Fue entonces, en 1764, cuando el historiador alemán Johann Joachim Winckelmann publicó su ‘Historia del arte de la Antigüedad’, que durante generaciones estableció el canon de la belleza clásica. En ella, Winckelmann sostuvo que el color contribuía a la belleza pero no era la belleza, y que cuanto más blanco era el cuerpo, más bello resultaba.  

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Proyecto de Investigación de Policromía del Liebieghaus

Winckelmann y los neoclásicos que le siguieron construyeron sobre ese accidente histórico todo un ideal estético, el del mármol blanco como cima de la civilización y del arte. Los museos exhibieron las esculturas en su estado deteriorado como si ese fuera su aspecto original. El público de hoy, al ver las reconstrucciones polícromas del Liebieghaus, reacciona con incomodidad, pero en realidad ese rechazo es el resultado de dos siglos de condicionamiento.

Historia blanca. El foro de difusión de propaganda nazi más importante de internet, Stormfront, utiliza imágenes del Partenón como iconografía, invocando una «historia blanca». Identity Evropa, organización de ultraderecha estadounidense, emplea esculturas clásicas de mármol blanco en su propaganda. «Molon labe», el bramido legendario de Leónidas en las Termópilas, es hoy consigna de milicias armadas nazis. Antes de todo eso, Hitler prohibió en la Alemania nazi cualquier representación del arte clásico que no fuera mármol blanco. Esparta y Roma sirven para sostener narrativas racializadas, xenófobas e islamófobas, con la blancura del mármol como elemento central del imaginario. 

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Un pasado gris, violento y militarizado encaja perfectamente en ese relato: épico, donde el hombre duro prevalece (de ahí el famoso «Imperio romano» en el que los hombres, aparentemente, no pueden dejar de pensar), separado del presente «blando»… Nolan no está propagando ideas nazis, por supuesto, pero su imaginario, absolutamente contrario a la realidad histórica (¿hay algo más luminoso y colorista que el Mediterráneo?) nace de estas tendencias que se remontan al siglo XVIII. Por eso, la decisión de rodar en el Sáhara Occidental no es solo económica: es necesaria para borrar la luz de la historia clásica.

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