Mientras los pueblos se secan y el desierto avanza, las mujeres en Marruecos escalan las montañas para capturar la niebla y convertirla en agua potable

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En la década de 1980 tuvo lugar un experimento fortuito. Unos investigadores que trabajaban en el desierto de Atacama dejaron por accidente una simple malla metálica expuesta al viento durante la noche. A la mañana siguiente descubrieron que estaba cubierta de gotas de agua en uno de los lugares más secos del planeta. Aquella escena aparentemente trivial terminó inspirando una idea que décadas después cambiaría la vida de pueblos enteros.

Capturar la niebla antes de que desaparezca. Mientras el desierto avanza lentamente sobre el suroeste de Marruecos y los pozos tradicionales empiezan a secarse, varias aldeas de la región de Aït Baâmrane han encontrado una solución que parece más cercana a una imagen de ciencia ficción que a una infraestructura hidráulica convencional: capturar la niebla de las montañas y convertirla en agua potable. 

Durante generaciones, las mujeres de estas comunidades pasaban hasta cuatro horas al día caminando hacia pozos remotos y regresando cargadas con barriles de casi 25 kilos sobre la cabeza. Aquella rutina organizaba la vida entera de los pueblos, mantenía a muchas niñas fuera de la escuela y reflejaba hasta qué punto la falta de agua condicionaba cualquier actividad cotidiana en el borde del Sáhara.

Redes gigantes convierten aire en agua. El cambio comenzó cuando enormes redes de polímero aparecieron en las laderas del monte Boutmezguida, a más de 1.200 metros de altitud. La idea es sorprendentemente simple: aprovechar la humedad de la niebla atlántica que atraviesa regularmente la cordillera del Anti-Atlas. Las diminutas gotas quedan atrapadas en la malla, se condensan y terminan descendiendo hacia depósitos conectados a kilómetros de tuberías por gravedad. 

Sin bombas complejas ni grandes infraestructuras industriales, el sistema logra llevar agua directamente a los hogares utilizando únicamente viento, altura y humedad ambiental. Gracias a los avances en ingeniería de materiales, estas redes modernas son muchísimo más eficientes que los experimentos realizados décadas atrás en países como Chile, Yemen o Eritrea.

Y la niebla llegó al grifo. Cuando el sistema empezó a funcionar, los vecinos se reunieron para ver algo que nunca habían visto: agua saliendo directamente de un grifo dentro de una casa. Aquella “agua de niebla”, como empezaron a llamarla, transformó rápidamente la vida diaria de las aldeas. Las mujeres dejaron de dedicar media jornada a transportar agua y muchas niñas pudieron volver a asistir regularmente a la escuela. 

El proyecto, impulsado por la ONG Dar Si Hmad, no solo modificó la gestión del agua, sino también el equilibrio social de comunidades donde transportar agua había sido durante siglos una responsabilidad exclusivamente femenina.

El desafío cultural de beber agua que no tocó el suelo. La tecnología funcionó desde el principio, pero convencer a todos fue mucho más difícil. Algunos habitantes desconfiaban de un agua que nunca había pasado por la tierra y que, según creían, carecía de minerales y de “vida”. La niebla representaba algo ambiguo, casi irreal, demasiado alejado de las fuentes tradicionales. 

Con el tiempo, el rechazo fue desapareciendo a medida que las familias comprobaban que aquella agua era segura y constante. La transición obligó además a trabajar cuestiones sociales inesperadas: algunas mujeres sentían que perdían parte de su papel central en el hogar al dejar de ser las encargadas de traer agua. Por eso el proyecto acabó incorporando alfabetización, formación técnica y gestión comunitaria junto a las infraestructuras hidráulicas.

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Encontrar agua en un imposible. La ONU ha reconocido este mes de mayo de 2026 que el sistema marroquí es uno de los ejemplos más interesantes de adaptación climática frente a la desertificación. El proyecto demuestra que algunas regiones extremadamente secas todavía pueden aprovechar recursos invisibles que hasta ahora apenas se utilizaban. 

Sin embargo, también deja claro que no existe una solución universal: capturar niebla solo funciona donde coinciden montañas, humedad oceánica y condiciones atmosféricas muy concretas. Aun así, la imagen resulta poderosa para un planeta cada vez más afectado por la escasez hídrica: mientras los pozos se vacían y las temperaturas suben, hay comunidades enteras en Marruecos que han empezado literalmente a cosechar nubes para sobrevivir.

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Mientras los pueblos se secan y el desierto avanza, las mujeres en Marruecos escalan las montañas para capturar la niebla y convertirla en agua potable

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Miguel Jorge

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