Hace cinco años Venecia se gastó más de 5.000 millones en un sistema de barreras contra el mar. Ahora busca un plan B

Hace cinco años Venecia se gastó más de 5.000 millones en un sistema de barreras contra el mar. Ahora busca un plan B

Hubo tiempo en que Venecia miraba al Adriático con ambición. El mar no solo configuró la ciudad, calando en su ADN, también la impulsó hasta convertirla en una potencia naval que pugnó por el dominio del Mediterráneo. Hoy las cosas son distintas. La Serennissima (convertida en potencia turística) observa cada vez con más inquietud el ir y venir de las mareas, las mismas que en 2019 la sumergieron bajo 187 cm de agua, anegando el 80% de la ciudad. 

El motivo es muy simple. Todo indica que el sistema milmillonario del que se dotó Venecia hace unos años para protegerse de la amenaza del acqua alta no tardará en quedar obsoleto. Y no está muy claro cuál es la alternativa.

Una cifra: 18. La amenaza de inundaciones no es nueva en Venecia. De hecho una de las peores que se recuerdan la sufrió hace seis décadas, en noviembre de 1966, cuando una intensa tormenta hizo que el agua alcanzase 194 cm, anegando gran parte de la ciudad. Sin embargo los expertos llevan tiempos detectando señales preocupantes. No se trata solo de que Venecia se hunda o de que suba el nivel del mar (que también). Hay señales cada vez más claras que invitan a pensar que en el futuro las inundaciones serán cada vez más frecuentes.

Hace poco un grupo de investigadores se dedicó a analizar los episodios «extremos» sufridos por la ciudad, aquellos en las que quedó anegada el 60% de su superficie. A lo largo del último siglo y medio contabilizó 28 incidentes de esas características. Lo sorprendente es que la inmensa mayoría de ellos (18) se concentraron durante los últimos 23 años.

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Una medida: 0,42 m. A día de hoy más de la mitad de Venecia está solo entre 80 y 120 cm por encima del nivel medio del mar y las proyecciones muestran que ese escenario no tardará en empeorar: en el mejor de los casos, si lográsemos reducir de forma drástica nuestras emisiones contaminantes, el mar subirá 0,42 m para 2100. En el peor de los casos, lo hará 1,8 m, lo que le complicaría mucho el panorama a la Serennissima. De hecho, ahora la marea alta ya deja la Plaza de San Marcos solo 30 cm por encima del nivel del agua.

Un nombre: Mose. Consciente de lo mucho que se juega Venecia, hace ya tiempo el Gobierno de Italia se puso a buscar una forma de protegerse de las inundaciones. El resultado fue Mose (modulo sperimentale elettromecanico), un sistema formado por cuatro barreras y 78  compuertas móviles independientes que permiten a las autoridades proteger la laguna veneciana de la conocida como acqua alta, mareas que anegan la ciudad.

El objetivo: aislar de forma temporal la laguna del Adriático y proteger así Venecia de las mareas más peligrosas. Para ello las barreras se instalaron de forma estratégica en las ensenadas de Lido, Malamocco y Chioggia. Cada compuerta mide además 20 m de ancho y entre 18,6 y 29,6 m de largo.

Una inversión: 5.000 millones. Se dice que el proyecto movilizó una inversión de más de 5.500 millones de euros (su ejecución estuvo empañada por la corrupción). Sus trabajos arrancaron en 2003 y tras varios retrasos realizó una primera prueba en octubre de 2020, en un acto encabezado por el entonces primer ministro Giuseppe Conte. Un año antes Venecia había sufrido una de las peores inundaciones que se recuerdan, durante la que el agua alcanzó los 187 cm, llegando a inundar parte de la entrada de la basílica de San Marcos.

Un indicador: la frecuencia. El problema es que las autoridades están recurriendo a Mose mucho más a menudo de lo que se esperaba. Euro Weekly asegura que en menos de un mes, entre el 28 de enero y 19 de febrero, el sistema se activó en 30 ocasiones. Otros medios precisan que desde su inauguración, a finales de 2020, las barreras han salvado a Venecia de inundaciones en 154 ocasiones. El problema es que el uso de Mose no sale gratis a la región, ni en términos económicos ni a nivel social y medioambiental.

Poner en marcha las enormes compuertas de Mose tiene un coste directo, pero también tiene otra factura indirecta: al aislar la laguna el sistema altera se altera por ejemplo la actividad del sector portuario e interrumpe el tráfico marítimo con el puerto de Marghera. The Guardian señala que pulsar el botón de Mose tiene un impacto económico de más de 200.000 euros para Venecia. Solo en el Carnaval de este año la factura total rondaría los cinco millones de euros.

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Una preocupación extra: la laguna. No todo se mide en coste operativo, tráfico marítimo e impacto económico. Alterar las mareas de la zona repercute también en su ecosistema y eso es algo que preocupa a expertos como Andrea Rinaldo, del comité científico de la Autoridad de la Laguna. Sobre todo si se tienen en cuenta dos datos fundamentales: primero, la frecuencia de uso de los últimos años; segundo, las previsiones de subida del nivel del mar.

«Con un metro más habría que cerrar las barreras de Mose un promedio de 200 veces al año, lo que significa que prácticamente siempre estarían bloqueadas”, explica Roinaldo. «Cuando esto sucede, la laguna pierde su función de entorno de transición. Se convertiría en un estanque».

Una víctima: la propia laguna. Como explica The Guardian, al bloquear el flujo de agua las barreras favorecen el crecimiento de las algas. El problema es que cuando estas mueren y se descomponen afectan directamente a la calidad del agua y el resto de flora y fauna. ¿Significa eso que Mose fue un error? Rinaldo cree que no. Sencillamente los cambios se están sucediendo mucho más rápido de lo que esperaban los ingenieros, lo que obliga a autoridades y técnicos a pensar en el futuro a medio y largo plazo. Al fin y al cabo si algo enseñó Mose es que proyectos de su calado no se aprueban y ejecutan de la noche a la mañana.

Una pregunta: ¿Qué hacer? La gran incógnita. Los responsables de Mose buscan la forma de reducir su impacto, pero no es una decisión sencilla. Entre otras cosas porque los propios venecianos se han habituado a que las barreras y compuertas entren en funcionamiento ante el menor riesgo, señala Giovanni Zaroti, uno de los técnicos del sistema. 

Rinaldo desliza la posibilidad de lanzar una convocatoria internacional para que técnicos de diferentes ámbitos puedan plantear soluciones. Hay quien ya se ha adelantado y está poniendo opciones sobre la mesa, como los investigadores que hace unos días publicaron un artículo en  Scientific Reports reflexionando sobre «vía de adaptación a largo plazo» para Venecia ante la subida de los océanos.

Una advertencia: «Insostenible». Uno de sus autores, Piero Lionello, profesor de física atmosférica y oceanografía de la Universidad de Salento, reconocía hace poco a ABC News que el ritmo de inundaciones de las últimas décadas ha resultado «bastante impresionante». El experto recuerda que los posibles efectos que tendrá el cambio climático en la región están claros y subraya que no podemos quedarnos de brazos cruzados. 

«Una subida de 75 cm significaría que Mose estaría a la altura de las olas seis meses al año, algo insostenible, un punto de inflexión, ya que dañaría el ecosistema de la laguna», advierte,

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Una amenaza… cuatro estrategias. El artículo de Lionello y sus colegas es interesante porque no se limita a diagnosticar el problema y advertir de los riesgos que asoman en el horizonte. También desgranan varias estrategias para afrontarlo, aunque ninguna de ellas es sencilla ni está exenta de costes.

Una de ellas consistiría en reforzar la eficiencia de Mose elevando gradualmente la laguna y la ciudad gracias a la inyección de agua en los acuíferos situados bajo Venecia. En ese caso las barreras resultarían eficaces, incluso aunque el nivel del mar ascienda hasta 1,25 metros. El problema es si (como advierten algunas proyecciones) esa nueva marca se rebasa a largo plazo, hacia el 2300.

Otra solución pasaría por el uso de diques y construcciones que permitan cerrar la laguna. Por supuesto también tiene ‘peros’:  cambiaría por completo el espíritu de la ciudad, afectando a su puerto, el tráfico y la vida de la laguna. También está su elevadísimo coste económico, los plazos que requeriría y sus riesgos sociales. «Si se rompiera la barrera, el tiempo para salvar a la población local sería prácticamente inexistente», recoge el informe, citado por The Times.

Una salida extrema: la mudanza. Habría aún otra solución, en opinión de los autores, aún más radical. Imitar en cierto modo lo que se hizo en Abu Simbel (Egipto) y reubicar grandes monumentos en zonas que queden a resguardo.

«Ante un aumento extremo del nivel del mar, la reubicación de los monumentos en zonas interiores adecuadas y su abandono serían la única estrategia posible, lo que podría resultar inevitable en el siglo XXII si se mantienen las políticas climáticas actuales y se produce un colapso de la capa de hielo antártica», desliza el artículo. A mayores de su impacto histórico y emocional, esa medida tendría además un enorme coste: alrededor de 118.000 millones de dólares.

Imágenes | Dan Novac (Unsplash), Ludovico Lovisetto (Unsplash) y Wikipedia

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Hace cinco años Venecia se gastó más de 5.000 millones en un sistema de barreras contra el mar. Ahora busca un plan B

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Carlos Prego

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