Con la guerra de Rusia y Ucrania, Europa se olvidó con sangre, sudor y lágrimas del gas del primero para echarse a los brazos de Estados Unidos. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha dejado claro que buscar el proveedor lejos y a través de territorios inhóspitos no es la mejor idea, así que el viejo continente ha posado su mirada en el vecino: el norte de África, una zona con un potencial enorme y varios proyectos esenciales (para Europa) en marcha.
Al fin y al cabo, lo tiene todo: sol y viento abundante, terreno disponible y está a un paso. Que pueden producir energía es un hecho, la cuestión es si pueden conectarla a Europa de forma fiable y rentable.
Norte de África, clúster energético. Mientras se cuecen dos gigantes gasoductos africanos, el Transahariano liderado por Nigeria, Níger y Argelia y el faraónico África-Atlántico y apuestan por el hidrógeno verde con proyectos como el ALTEH2A argelino y la inversión marroquí por valor de 32.500 millones de dólares, en el norte del continente hay varios planes claros y concretos en energías renovables:
- Marruecos quiere añadir 16GW de capacidad y planea una inversión de 16.000 millones de dólares en cinco años para materializarlo.
- Túnez quiere alcanzar una cuota del 50% de renovables para 2035. Ya ha licitado 2,3 GW de infraestructura eólica y solar. La noruega Scatec cerró financiación y comenzó la construcción de la planta solar Sidi Bouzid II de 120 MW junto con Toyota Tsusho, con finalización prevista para 2027. La conexión a Europa avanza con el cable submarino Elmed, de 600 MW y con destino Sicilia.
- Argelia planea conectar 15 GW de renovables a la red para 2035, con un primer tramo de 3,2 GW solares.

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Por qué es importante. Para los países norteafricanos, estos proyectos conllevan desarrollo económico, creación de infraestructuras críticas y empleo tecnológico e inversión extranjera. Para Europa es un auténtico salvavidas: el viejo continente importa enormes cantidades de de gas, petróleo y electricidad y desde la guerra de Ucrania y Rusia, la UE busca desesperadamente diversificar proveedores y tiene en su punto de mira el norte de Europa como fuente prioritaria de hidrógeno en su Estrategia de Hidrógeno. Si estos proyectos se materializan, Europa tendría energía limpia y más barata cerca de casa.
Contexto. La crisis del estrecho de Ormuz ha dejado en evidencia algo que ya sabíamos: depender de terceros para tu energía es un riesgo tremendo. Túnez lo sufre en sus propias carnes: el 95% de su electricidad viene del gas natural y más del 60% de ese gas lo importa. No es una novedad: según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en 2024 la región de Oriente Medio y Norte de África suministró más del 30% del petróleo mundial y casi el 20% del gas natural, pero su generación eléctrica sigue dependiendo de los combustibles fósiles en más de un 90%. Dar el paso a las renovables es también una cuestión de soberanía energética.
En estos movimientos hay una empresa italiana clave: Snam. En 2023 adquirió una participación del 49,9% en los dos gasoductos que conectan Italia con Argelia y el gasoducto Argelia-Túnez, esto lo coloca como operador natural ante una eventual reconversión al hidrógeno. Pese a ser una «isla energética» en el continente, España parte de una posición privilegiada si el norte de África se convierte en el grifo europeo: será una de las puertas de entrada.
En detalle. A nivel técnico lo más importante es cómo llevar esa energía a Europa: por cable eléctrico submarino o reconvirtiendo los gasoductos existentes para transportar hidrógeno, lo que tendrá implicaciones tanto en coste como en gestión. Mientras la segunda está en fase de estudio, la opción del cable avanza: Italia ya ha contratado a Prysmian la construcción de una interconexión de 600 MW con Túnez. Mientras tanto, España y Marruecos acordaron en 2019 una tercera interconexión eléctrica, pero a día de hoy sigue sin materializarse.
Sí, pero. La conversión del Norte de África en un hub energético es una promesa repleta de compromisos oficiales, objetivos de GW y miles de millones de dólares sobre la mesa, pero no es una capacidad instalada y operativa. Y desgraciadamente, la región tiene un historial de anuncios que quedaron en agua de borrajas, sirva como ejemplo el proyecto solar Desertec. Sin ir más lejos, la geopolítica ya está dejando avisos de la complejidad del asunto.
Por otro lado, está la cuestión del precio del hidrógeno verde: aunque en el norte de África es más barato que en el resto del mundo gracias al sol, sigue sin poder competir con el hidrógeno de gas natural, que cuesta entre 1 – 2 dólares por kg. Según un estudio de la Universidad Técnica de Múnich, solo una fracción mínima de los emplazamientos africanos podría acercarse a precios competitivos en 2030. Sin subsidios, la mayoría de proyectos no son rentables hoy.
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La noticia
Europa se ha quedado sin el gas barato de Rusia. Su nueva esperanza está en las renovables de Marruecos y Túnez
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Eva R. de Luis
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