España no ha parado de subir el SMI desde 2018: ha dejado fuera de juego al 45% de los convenios colectivos

España no ha parado de subir el SMI desde 2018: ha dejado fuera de juego al 45% de los convenios colectivos

Los convenios colectivos tienen como objetivo regular las reglas del juego de determinados sectores o grandes empresas estableciendo los salarios que cobrarán los empleados de ese sector. Sin embargo, en 2026 casi la mitad de esos convenios se están encontrando con un serio problema: están obsoletos.

El salario mínimo interprofesional (SMI) lleva ocho años subiendo sin parar. Ha pasado de 735 euros al mes en 2018 a los 1.221 euros actuales en 14 pagas, una subida acumulada del 66%. Muchos de esos convenios sectoriales, negociados durante meses, han nacido muertos quedando obsoletos por estimar los salarios más bajos por debajo del mínimo legal, tal y como recogía El Economista.

Casi uno de cada dos convenios, por debajo del SMI. El dato es claro. Según un análisis de UGT, el SMI supera el salario pactado para las categorías más bajas en el 45% de los convenios sectoriales de 2026 que se registraron durante el primer trimestre de 2026, con mínimos que ya quedan por debajo del nuevo SMI. La medida afecta, por ejemplo, a convenios como el de jardinería, que en enero de 2026 se aprobaba con un salario de 1.184 euros para peones y aprendices, es decir, ajustado al SMI de 2025, pero no recoge la nueva cuantía de 2026.

En los convenios de empresa la proporción de convenios desactualizados baja un poco, pero el problema persiste. De los 25 convenios publicados en ese mismo periodo, 9 (el 36%) también tenían tablas salariales por debajo del mínimo legal. Son pactos firmados tras meses de negociación que, al final, necesitan un complemento extra para cumplir la ley.

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Lo que dice la ley. Ningún convenio puede fijar salarios por debajo del SMI en cómputo anual. El Tribunal Supremo lo aclaró en 2025: lo que cuenta es el total anual, sumando todos los conceptos. No solo el salario base. Si entre el sueldo base y los pluses se llega a los 17.094 euros anuales que establece el SMI de 2026, la empresa estaría cumpliendo con la legislación. Si no, está obligada a completar la diferencia mediante un complemento salarial adicional.

Esta es la fórmula que usan muchas empresas para cumplir con la subida del SMI cuando, como ha sucedido en 2026, esta subida se aprueba con el año ya comenzado, e incluso cuando el convenio que aplican ha entrado en vigor ese mismo año. Este incremento no siempre es un sobrecoste para la empresa (si ya pagaban más de ese SMI con pluses incluidos). Pero sí es una señal de que muchos de estos convenios se rigen por una remuneración tan ajustada al mínimo legal que la mínima corrección les deja fuera de la normativa.


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El problema del solapamiento entre categorías. Moverse en este ámbito de mínimos salariales deja un efecto colateral que preocupa a los sindicatos. Cuando el SMI sube más rápido que los convenios, las categorías salariales más bajas acaban cobrando unos salarios muy cercanos a los de las superiores. Un peón y un oficial de primera, con tareas y conocimientos muy distintos, pueden terminar con salarios muy cercanos a fin de mes debido al efecto de compresión que se produce por abajo. Es decir, las empresas suben los salarios más bajos solo para cumplir con la normativa, pero no los rangos inmediatamente por encima en la misma proporción.

UGT lo llama «solapamiento» y lleva tiempo pidiendo que se negocie un nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC) con los representantes de la patronal para ordenar esas escalas. Algunos convenios ya tienen cláusulas para evitarlo. El convenido de consultoría y tecnología, por ejemplo, fija un margen de 80 euros de diferencia mínima entre cada nivel afectado por el SMI y el siguiente. Es decir, que si los rangos salariales inferiores suben para cumplir con el SMI, esa subida se traslada al alza de forma proporcional al resto de categorías.

Quién gana y quién lo nota más. La subida del SMI ha mejorado el poder adquisitivo de los trabajadores con rentas más bajas. Entre 2018 y 2026, los salarios mínimos han crecido un 66% frente a una inflación acumulada del 25%, lo cual ha permitido amortiguar la pérdida de poder adquisitivo de quienes tienen los salarios más bajos.

Sin embargo, si las empresas no compensan las diferencias entre los salarios más bajos y las categorías siguientes, se corre el riesgo de desincentivar el ascenso de los empleados, que ven que el incremento de responsabilidades no se ve remunerada con una gran diferencia en el salario a final de mes.

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Imagen | Unsplash (Ivan Henao)


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Rubén Andrés

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