Villaco tiene menos vecinos que un instituto de secundaria. Pues bien, el pasado sábado 15 de agosto multiplicó su población por siete en una sola mañana. El motivo: dos niños decidieron resucitar el juego de las chapas y montaron, casi sin saberlo, el evento del verano en el Valle del Esgueva. La competición arrancó a las 10:00 horas con dos categorías: Infantil, para participantes de 10 a 13 años, y Absoluta, de 14 a 99 años. Bueno, se permitió una excepción. Y durante toda la mañana, centenares de personas recorrieron los diferentes circuitos en busca de los mejores tiempos.
La idea nació jugando. Esto es literal: Gabriel y Argimiro son los responsables y ambos son vecinos de Villaco, el municipio vallisoletano de apenas 72 habitantes. La chispa surgió mientras jugaban a las chapas con amigos y familiares en Valladolid capital. Alguien lanzó la pregunta obvia: ¿por qué no organizar un torneo de verdad? ¿A que no hay narices? Los pequeños le dieron la chapa al padre de Argimiro, quien confirmó que llevaban dos meses de preparación.
El resultado ha sido el I Concurso Nacional de Chapas. Así, oficial. Celebrado el 15 de agosto entre las 10:00 y las 13:00 horas, la incripción se gestionó por correo electrónico, con nombre completo y edad, sin filtros de nivel ni de procedencia. Se apuntaron casi 500 personas. Entre ellas, Esther Gómez, la vecina más anciana del pueblo, con 106 años. Montaron una paellada, una una food truck de Gohi’s GastroClub y una barra de bebidas, además de encargarle a Edu Preco, speaker oficial del Real Valladolid, la locución del evento.
Un estadio en miniatura. «Los circuitos van a estar en mesas altas ya que muchos paisanos no pueden tirarse al suelo para jugar y queremos que todos participen», esto decía uno de los organizadores y teniente de alcalde, Alfredo Ruiz, quien se encargó de construir pistas de arena, pequeños puentes, tramos con agua y mesas elevadas. En la categoría infantil ganó Miguel Toquero, seguido de Adriana Alonso y Eizán Núñez. En categoría absoluta se llevó el triunfo Adrián Rey. El primer premio infantil incluía tres entradas al Parque Warner de Madrid, una recompensa que probablemente pesó más en la motivación de los concursantes que cualquier trofeo.
El torneo lo comisionó el alcalde de Villaco, Jesús Rey, junto al presidente de la Diputación de Valladolid, Conrado Íscar, entre otras autoridades. En la categoría Absoluta, el vencedor también se llevó de regalo una escapada para dos personas con alojamiento y desayuno en un hotel de la Milla de Oro del Vino, además de una experiencia gastronómica, una visita a alguna de las bodegas adscritas, además de otra visita al castillo de Peñafiel.
Isaac Cuña, plata en competición absoluta, se llevó un lote de alimentos de Valladolid; Jesús Pollo, tercero, fue premiado con una colección de novelas del escritor vallisoletano César Pérez Gellida, exitoso autor de novela negra ganador del Nadal y adaptado a la televisión con obras como ‘Memento Mori’ (Amazon, 2023).
De las canicas a las chapas. Las chapas forman parte de una tradición de patio mucho más antigua. Las canicas llevan documentadas desde el Antiguo Egipto, con bolitas de barro cocido encontradas en tumbas infantiles de hace más de 3.000 años. Y los mayores también toman parte: la petanca nació en Provenza en 1910 como adaptación de un juego de bolos para personas con movilidad reducida, y hoy se hacen streamings y factura torneos internacionales con premios en metálico. Ambos juegos comparten con las chapas el mismo ingrediente: objetos pequeños, reglas caseras y un terreno irregular convertido en tablero.
Mi infancia también está llena de tapones de botella y los botones. Generaciones enteras de la posguerra española jugaron con lo que tenían a mano, porque comprar un juguete era lujo para provincianos. De ahí surgieron las chapas, literalmente cápsulas metálicas de refrescos convertidas en piezas de carrera —y moneda de cambio en ‘Fallout’—, decoradas a veces con fotos o dorsales de futbolistas recortados y pegados dentro.
Que Castilla y León regule activamente el juego de las chapas —solo en la provincia de Valladolid, 24 localidades tienen autorización para organizarlo durante la Semana Santa de 2026— quizá dé pie a que otras comunidades lo imiten. Así no tocará que peregrinar hasta Villaco. Ante ese relato triste de la “España vaciada” con cierre de escuelas, población envejecida y servicios que desaparecen, esta noticia supone un revulsivo curioso. No hay confirmación oficial aún sobre segundas ediciones, pero la lógica del propio evento apunta a que la habrá. Si Villaco repite en 2027, tendrá que ir pensando dónde meter a 500 personas más en un pueblo que, de entrada, no tiene ni un hotel.
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La noticia
En un pueblo de Valladolid de 72 habitantes, dos niños montaron un torneo de chapas: ha sido un éxito de 500 inscritos
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Xataka
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Isra Fdez
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