En octubre de 2006, uno de los mayores símbolos del poder naval de Estados Unidos navegaba cerca de Okinawa acompañado por varios buques de guerra cuando ocurrió algo inquietante: un submarino chino apareció en superficie a apenas ocho kilómetros del USS Kitty Hawk sin haber sido detectado previamente. Quince años después, aquel mismo portaaviones, que había costado el equivalente actual a unos 2.500 millones de dólares, acabaría vendido por la Marina estadounidense por exactamente un centavo.
Un submarino chino y el Kitty Hawk. Ocurrió el 26 de octubre de 2006, cuando el Kitty Hawk operaba en aguas internacionales próximas a Okinawa. Entonces, un submarino diésel-eléctrico chino de clase Song emergió a unos ocho km del portaaviones. Lo extraordinario no era únicamente la distancia, sino que el submarino había conseguido llegar hasta allí sin ser detectado previamente por el grupo estadounidense.
Cuando finalmente fue localizado ya estaba en superficie y se encontraba a una distancia desde la que, en un escenario de guerra, un submarino podía haber empleado torpedos o misiles contra el portaaviones.

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El portaaviones no estaba precisamente solo. El Kitty Hawk era el centro de un grupo de combate acompañado por buques de escolta y capacidades destinadas, entre otras cosas, a enfrentarse a amenazas submarinas. Aquello convirtió la aparición del Song en un episodio particularmente incómodo para Estados Unidos: un submarino convencional relativamente pequeño había logrado situarse muy cerca de un activo gigantesco protegido por todo un entramado naval.
Hay, sin embargo, un matiz importante a tener en cuenta: el grupo estadounidense no estaba realizando en ese momento una búsqueda antisubmarina activa, por lo que el episodio no demuestra que China hubiera atravesado deliberadamente todas sus defensas durante un ejercicio diseñado para localizar submarinos. Puede ser, pero oficialmente no es un hecho.

El USS Kitty Hawk en el momento de su puesta en servicio en 1961
El problema de los submarinos pequeños. Por aquel entonces, Estados Unidos ya había recibido una advertencia parecida con el HSwMS Gotland sueco, un pequeño submarino equipado con propulsión independiente del aire que participó en ejercicios con la Marina estadounidense y demostró lo difícil que podía resultar localizar una plataforma convencional extremadamente silenciosa.
Pensemos que los submarinos diésel-eléctricos pueden reducir enormemente su firma acústica cuando funcionan con baterías, especialmente en determinadas condiciones y aguas costeras. De hecho y como hemos contado, China continuaría desarrollando esta clase de capacidades en los años siguientes, evolucionando desde la clase Song hacia submarinos convencionales más modernos como los de la clase Yuan.

El Kitty Hawk y el destructor Turner Joy repostan combustible en Kawishiwi en 1964
Medio siglo representando justo lo contrario: tamaño y poder. En ese sentido, el contraste era enorme. Entrado en servicio en 1961, el Kitty Hawk medía unos 319 metros, podía superar los 30 nudos, alojaba una tripulación de más de 4.500 personas y podía transportar entre 80 y 90 aeronaves.
Había costado 264 millones de dólares de la época, es decir, aproximadamente 2.500 millones en dólares de 2021, participó en seis despliegues durante la guerra de Vietnam y décadas después también estuvo vinculado a las operaciones estadounidenses durante la guerra de Afganistán. Entre 1998 y 2008 estuvo desplegado permanentemente en Yokosuka, Japón, como pieza central de la presencia naval estadounidense en el Pacífico occidental.

El Kitty Hawk es introducido en el agua tras completar su período de mantenimiento de cinco meses en 2003
Tres años después del encuentro, su carrera terminó. El episodio chino no provocó la retirada del Kitty Hawk, aunque seguramente sí ayudó a ello. El portaaviones tenía entonces 45 años y pertenecía a la última generación de grandes portaaviones estadounidenses propulsados mediante combustibles fósiles, mientras que la Marina llevaba décadas desplazándose hacia una flota de portaaviones nucleares.
Finalmente fue retirado del servicio en 2009 después de 48 años y quedó almacenado en Bremerton, Washington. Para entonces había sobrevivido incluso a una modernización de 785 millones de dólares realizada dentro del programa estadounidense para prolongar la vida útil de algunos de estos gigantes.

Kitty Hawk siendo remolcada en el canal de navegación de Brownsville el 31 de mayo de 2022
Querían convertirlo en museo. La Marina tenía otros planes. Sí, los veteranos del Kitty Hawk intentaron evitar que el barco terminara desguazado y promovieron un proyecto para convertirlo en museo en Long Beach, California, junto al Queen Mary. La asociación llegó a reunir compromisos de donaciones por unos cinco millones de dólares, pero descontaminar, acondicionar y mantener un portaaviones de más de 300 metros requería mucho más dinero.
Sea como fuere, la Marina terminó descartando el proyecto y en octubre de 2021 vendió tanto el Kitty Hawk como el USS John F. Kennedy a International Shipbreaking Limited, una empresa de Texas especializada en desmantelar grandes buques.
Un centavo. La cifra era tan absurda e histórica como real: International Shipbreaking pagó nada más y nada menos que un centavo por el Kitty Hawk (y otro por el John F. Kennedy). Por supuesto, no significaba que todo aquel acero valiese dos céntimos, sino más bien que la empresa asumía a cambio los enormes costes de transportar, descontaminar y desmantelar los barcos para recuperar posteriormente los materiales aprovechables.
De hecho, en otros casos había sido la propia Marina la que había tenido que pagar a empresas para retirar y desguazar antiguos buques. El centavo era, en la práctica, el precio simbólico de quitarle a Estados Unidos un gigantesco problema logístico.

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Un último viaje de 30.000 kilómetros. En enero de 2022, el Kitty Hawk abandonó Bremerton remolcado para realizar el último viaje de su vida. Como sus dimensiones le impedían atravesar el canal de Panamá y sus motores ya no estaban operativos, tuvo que bajar por el Pacífico, rodear el cabo de Hornos y remontar después el Atlántico y el golfo de México hasta Brownsville, Texas: un recorrido de alrededor de 19.000 millas que necesitó unos cinco meses.
Allí comenzó su desmontaje pieza por pieza. El mismo portaaviones al que un submarino chino había conseguido acercarse sin ser detectado en 2006 terminó así quince años después vendido por un centavo y arrastrado durante medio mundo hasta el lugar donde iba a convertirse en chatarra.
Imagen | US Navy, Zaiquiri2781
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La noticia
En 2006, un submarino chino se acercó a un portaaviones de EEUU sin ser detectado. En 2021, EEUU lo vendió por un céntimo
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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