Raquel González, directora de Airbus Space en España, sobre el desafío de España como potencia espacial: “Nos faltan personas”

Raquel González, directora de Airbus Space en España, sobre el desafío de España como potencia espacial: “Nos faltan personas”

No es habitual cruzar las puertas de Airbus Space en Getafe y recorrer unas instalaciones donde la industria espacial deja de ser una sucesión de nombres propios para convertirse en algo físico. Durante la visita organizada por los 60 años de Airbus Espacio en España, el recorrido iba dejando ver zonas de producción, áreas limpias, piezas vinculadas a lanzadores y tecnologías y componentes de satélites que acabarán operando fuera de la Tierra. La primera impresión no era la de una celebración corporativa, sino la de una cadena industrial mucho más amplia de lo que sugieren sus programas por separado.

Raquel González, directora de Airbus Space en España, lo resumió con una frase muy directa durante la presentación: “España es una potencia espacial”. No lo planteó como una aspiración pendiente, sino como una realidad que, a su juicio, se explica por la acumulación de capacidades desarrolladas en el país. Sobre la mesa aparecían satélites como PAZ, PAZ-2, Ingenio, CHEOPS o LSTM, programas de comunicaciones seguras como Spainsat NG, participación en lanzadores europeos como Ariane 6 y hasta antenas fabricadas en España para comunicarse con los rovers Curiosity y Perseverance en Marte. La afirmación tenía peso porque no descansaba en un solo proyecto, sino en una presencia sostenida en varias capas del sector espacial.

El músculo espacial español y sus desafíos

Con esa afirmación sobre la mesa, la siguiente pregunta era casi obligada: si España ha alcanzado esa posición, cómo se mantiene en una industria tan competitiva como la espacial. La presión no llega solo por el acceso al espacio, aunque lanzar con más frecuencia y a menor coste se haya convertido en una de las grandes batallas del sector. También pesa la capacidad de diseñar, fabricar y preparar sistemas cada vez más complejos, de responder a necesidades estratégicas y de hacerlo en un tablero donde los ritmos se han acelerado. SpaceX es el símbolo más visible de ese cambio, pero no el único: EEUU mantiene un ecosistema comercial muy activo, China acelera sus capacidades comerciales y estatales, India abre más espacio a la participación privaday Europa intenta reforzar su autonomía.

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Área de fabricación de estructuras para Ariane 6 en Airbus Espacio España, dentro de las instalaciones de Getafe

Esa fue la pregunta que le trasladé a González: qué desafíos aparecen ahora para mantenerse en esa posición y cuál debería ser el siguiente paso. La directora de Airbus Space en España abrió el foco hacia toda la industria espacial europea, pero enseguida aterrizó la respuesta en el terreno que conoce de primera mano. “Ahora hay un desafío de talento. Los presupuestos están aumentando, los programas siguen surgiendo. Hay mucha ambición”.

“Ahora hay un desafío de talento. Los presupuestos están aumentando, los programas siguen surgiendo. Hay mucha ambición”

La idea quedó todavía más clara cuando lo condensó en dos palabras: “faltan personas”. González convirtió entonces el diagnóstico en una llamada a quienes están todavía decidiendo su camino formativo. Su mensaje iba dirigido a universitarios, pero también a estudiantes más jóvenes que empiezan a elegir hacia dónde orientar sus estudios: el espacio necesita perfiles científicos, tecnológicos y de ingeniería, pero no solo eso. También hacen falta trayectorias de formación profesional y perfiles vinculados a la producción, porque una industria así no se sostiene únicamente con diseño sobre el papel. Entre una misión aprobada y una tecnología lista para salir de la Tierra hay años de trabajo especializado, y esa cantera no aparece de un día para otro.

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Raquel González, directora de Airbus Space en España, durante el encuentro con la prensa en las instalaciones de Getafe

La dimensión del problema se entiende mejor al mirar las cifras que Airbus puso sobre la mesa. Según la compañía, Airbus Espacio en España cerró 2025 con 295 millones de euros de facturación y 530 empleados directos, pero su impacto no termina en su propia plantilla. Alrededor del 30% de esa facturación revierte en subcontratistas, un dato que ayuda a medir hasta qué punto la actividad espacial se reparte por un ecosistema más amplio. Por eso la falta de talento no afecta solo a una empresa concreta: cuando crecen los programas, también aumenta la presión sobre proveedores, técnicos especializados y equipos capaces de sostener trabajos de alto valor añadido.

Esa actividad se entiende mejor cuando se baja de la cifra al tipo de trabajo que hay detrás. Airbus sostiene que su división espacial en España es la única empresa del país capaz de diseñar, construir, integrar y entregar satélites complejos en órbita, una afirmación que sitúa el foco en responsabilidades industriales de alto nivel. González lo llevó al terreno de la capacidad acumulada durante la presentación: “Todo lo que son construcciones de satélites, ahí es donde estamos como líder en Espacio España”. PAZ aparece como uno de los ejemplos ya en servicio dentro de esa trayectoria, mientras que PAZ-2 y LSTM muestran hacia dónde se está moviendo ahora esa capacidad.

Otra parte del recorrido llevaba a una capa menos visible, pero igual de importante: la tecnología que permite que una misión observe, mida o transmita información útil desde el espacio. Airbus habló de radares, radiómetros de microondas y antenas activas como áreas en las que su división española ha ido acumulando conocimiento. No son elementos pensados para llamar la atención fuera del sector, pero pueden marcar la diferencia entre una plataforma espacial y una misión con capacidad real de prestar servicio.

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Personal de Airbus Espacio España trabaja en la sala limpia de Getafe, donde la compañía ensambla sistemas espaciales de alta complejidad

El mapa se completaba con otra pieza sensible para Europa: el acceso al espacio. Airbus recordó durante la presentación que su actividad en España está vinculada desde hace décadas a la familia Ariane y a Vega, con estructuras y subsistemas que forman parte de los lanzadores europeos. En el caso de Ariane 6, la compañía señaló además que está aumentando la producción para suministrar 27 conjuntos completos, conocidos como shipsets, que incluyen grandes estructuras ligeras de fibra de carbono para Ariane 6 en los próximos años. No hace falta entrar en el detalle de cada componente para entender la relevancia de esa línea de trabajo: sin lanzadores fiables y con cadencia suficiente, buena parte de la ambición espacial europea queda condicionada.

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Área de fabricación de estructuras para Ariane 6 en Airbus Espacio España, dentro de las instalaciones de Getafe

El recorrido por lanzadores servía para aterrizar una idea más amplia: la industria espacial europea necesita más escala. González defendió que Europa ha dado pasos importantes con programas como Galileo y Copernicus, pero también que el momento actual exige ir más allá. “Ahora llega el momento de pisar el acelerador y pasar al siguiente paso”, señaló. La frase no hablaba solo de un programa concreto, sino de la necesidad de coordinar mejor capacidades industriales que siguen repartidas entre varios países y compañías.

Todo eso necesita algo más que contratos y conocimiento acumulado. Airbus sitúa esa actividad en dos sedes de la Comunidad de Madrid, Getafe y Tres Cantos, y describe sus instalaciones como parte de la capacidad que le permite trabajar en sistemas espaciales de alta complejidad. En Getafe, según la compañía, conviven la producción vinculada a lanzadores y áreas preparadas para el ensamblaje de satélites, una infraestructura que no funciona como escaparate, sino como condición material para sostener programas de años. El talento del que hablaba González necesita precisamente ese entorno: proyectos largos, equipos estables y procesos capaces de mantener la fiabilidad a lo largo de todo el ciclo de trabajo.

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Área de lanzadores de Airbus Espacio España en Getafe, donde la compañía trabaja en estructuras para Ariane 6

La falta de personas no se resuelve únicamente abriendo procesos de selección. En una actividad como esta, formar a alguien implica años de aprendizaje, exposición a proyectos reales y familiaridad con procedimientos donde la fiabilidad pesa tanto como la innovación. González apuntó precisamente a esa dimensión cuando habló de reforzar la formación y de desarrollar capacidades que requieren tiempo. Después añadió un segundo elemento: foco. Su planteamiento era que el sector tiene ambición y oportunidades, pero necesita decidir dónde concentrar esfuerzos para que esa energía no se disperse.

Ese foco también aparece en el debate europeo. Airbus, Leonardo y Thales han firmado un memorando para impulsar la creación de un actor espacial de mayor escala, un movimiento que Airbus enmarca como respuesta a la fragmentación del sector en Europa y a la necesidad de ganar escala para competir en un mercado más exigente. No es un detalle menor dentro de esta conversación: si los programas espaciales son caros, largos y tecnológicamente complejos, la escala importa tanto como la especialización. Para Airbus, la autonomía europea no depende solo de tener buenos proyectos nacionales, sino de coordinar capacidades para competir, precisamente, en un sector tan dinámico y veloz.

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La visita a Getafe dejaba así una lectura menos evidente que la de los satélites, los lanzadores o las instalaciones. Airbus puede defender que España es una potencia espacial apoyándose en sus programas, tecnología y trayectoria. Sin embargo, el siguiente paso no depende solo de conservar lo ya construido ni de sumar nuevas misiones a la lista. Si el sector quiere crecer en un entorno cada vez más rápido y exigente, necesitará algo presumiblemente mucho más difícil: conseguir una cantera suficiente de personas capaces de hacer que todo eso siga funcionando.

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Javier Marquez

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