Llevamos siglos leyendo la Biblia como guía moral. Cada vez más gente la usa para otra cosa: buscar fondos de inversión

Llevamos siglos leyendo la Biblia como guía moral. Cada vez más gente la usa para otra cosa: buscar fondos de inversión

Cuando uno mete sus ahorros (muchos o pocos) en fondos de inversión lo que quiere son buenas rentabilidades. Que su dinero genere más dinero. La pregunta es… A la hora de perseguir ese objetivo, ¿puede aplicarse algún criterio más allá del estrictamente económico? ¿Es compatible la búsqueda de rentabilidad con un enfoque moral? Hay gente que cree que la respuesta es ‘sí’ y que el sector financiero debe crecer con un ojo puesto en la ética ambiental o social, lo que pasa, por ejemplo, por no apoyar a empresas contaminantes.

En esa línea, cada vez más gente decide meter su dinero en otra clase de fondos de inversión: los que conjugan la búsqueda de ganancias con la moral de la Iglesia católica.

¿Inversiones y ética? Exacto. Aunque los fondos de inversión y los fondos cotizados (ETF) son herramientas creadas para generar dinero, desde hace tiempo parte del sector financiero intenta gestionarlos con un enfoque ético. 

Su idea es muy sencilla: ofrecen rentabilidades, pero con la garantía de que sus analistas estarán tan pendientes del parqué como de los criterios ESG (Environmental, social and governance). Es decir, la idea es apostar por empresas que en teoría aplican buenas prácticas y son respetuosas con el medioambiente.

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¿Qué pasa con la religión? Entre esos fondos ‘éticos’ no todos centran el foco en el respeto a la naturaleza o los derechos humanos. Hay quien pone el acento en lo espiritual. Su idea es que el dinero genere rentabilidad gracias a compañías que se ajustan a los preceptos de una religión.

Dicho así quizás suene muy abstracto, pero en la práctica resulta muy sencillo: los inversores evitan empresas que ganan dinero a través de la pornografía, los anticonceptivos, juegos de azar, drogas, explotación infantil, armamento, investigación con células madre… Un ejemplo claro son los ‘EFT islámicos’, fondos que operan con la sharía en una mano, apostando por empresas que cumplen las leyes del Corán.

¿Ocurre con el cristianismo? Sí, también. De hecho hace solo unos meses, en febrero, el Banco Vaticano lanzó dos índices bursátiles que pretenden ponérselo más fácil a quienes quieran invertir su dinero con una mentalidad católica. Para ser más precisos, el Instituto per le Opere di Religione (IOR) presentó el Morningstar IOE Eurozone Catholic Principles y Morningstar IOR US Catholic Principles, una suerte de S&P 500 y Euro Stoxx 50 ‘versión vaticano’.

«Ambos índices de referencia se elaboran siguiendo las mejores prácticas del mercado y de acuerdo con los criterios éticos católicos. Están diseñados para servir de referencia para las inversiones católicas en todo el mundo», explica el IOR. En el caso del índice europeo se incluyen por ejemplo los bancos Santander y BBVA, la tecnológica ASML o la firma de lujo Hermes, mientras se relegan otras multinacionales con filiales de defensa o presentes en el mercado del alcohol. En el caso de EEUU, figuran Meta o Amazon.

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Pero… ¿Mueven dinero esos fondos? Sí. Lo sabemos gracias a un análisis reciente de Cinco Días que confirma que los fondos cristianos están reforzando su huella a nivel mundial. Y de forma clara, además. 

El último informe de la consultora Brightlight muestra que solo en el último lustro han duplicados su activos, pasando de poco más de 58.500 millones de dólares en el verano de 2020 a más de 115.700 a cierre de septiembre de 2025. Si echamos la vista más atrás, los fondos con base en principios cristianos apenas acumulaban un patrimonio de 16.500 millones en 2009 o 1.500 en 1990.

¿En qué invierten? Destaca sobre todo el incremento de los activos de renta variable, seguidos de los de renta fija. En total Brightlight tiene identificados 166 fondos cristianos, lo que dobla también a los que contabilizaba en 2010. 

Semejante incremento no se explica solo por el lanzamiento de los dos índices del IOR en febrero. Mucho antes, en 2022, la Iglesia ya publicó Mensuram Bonam, un documento con «un conjunto de principios y criterios» dirigidas al sector financiero. «Los inversores buscan cada vez más índices de referencia que reflejen criterios específicos basados ​​en valores o políticas», defiende Morningstar.

¿Y cómo les va? Nada mal. Aunque en general los fondos de inversión que se guían por criterios ESG no han pasado por su mejor momento (el año pasado registraron salida de capital por valor de más de 80.000 millones de dólares), el S&P 500 Catholic Values Index se ha situado por encima del S&P 500 en los últimos años. Nada sorprendente, por lo demás, si vemos la lista de empresas en las que centra el foco.

El crecimiento de los fondos con enfoque cristiano puede explicarse, más allá de la deriva del mercado bursátil, por sus propias características. Algunos, por ejemplo, donan una parte de sus comisiones a entidades ligadas a la Iglesia.

Imágenes | Virgil Cayasa (Unsplash)

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Carlos Prego

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