Mortal Kombat II
Las adaptaciones de videojuegos llevan años intentando convencernos de que pueden ser algo más que un desfile de referencias para fans. Algunas lo han conseguido. Otras han preferido entregarse al exceso. Mortal Kombat II pertenece claramente al segundo grupo.
La secuela retoma el universo del reinicio estrenado hace unos años y eleva la apuesta: más personajes clásicos, más combates imposibles y una estética que parece diseñada por alguien que pasó demasiadas horas frente a una recreativa en los noventa.
La película es un espectáculo de acción delirante construido alrededor de rivalidades míticas y coreografías tan exageradas como precisas. El guion apenas sirve de puente entre pelea y pelea.
La película no intenta intelectualizar su material de origen ni transformarlo en un drama solemne. Quiere divertir, golpear y lanzar litros de sangre digital a cámara.
Las ovejas detectives
¡Hay películas que solo pueden existir en Reino Unido!
La premisa de este largometraje parece inventada después de tres copas de vino: un pequeño pueblo rural se ve sacudido por una serie de misterios absurdos mientras un rebaño extraordinariamente inteligente comienza a investigar por su cuenta. Dicho así suena a película infantil. Pero lo inesperado es que detrás de esa idea delirante aparece una comedia sofisticada, cargada de ironía británica y humor seco.
Hugh Jackman y Emma Thompson entienden perfectamente el tono. Él juega con una versión cansada y ligeramente ridícula de sí mismo; ella convierte cada línea de diálogo en una pequeña clase magistral de timing cómico. La química entre ambos sostiene una película que se mueve constantemente entre la sátira rural, el absurdo elegante y el cuento detectivesco.
Hay una ternura genuina en su manera de retratar a personajes excéntricos que sobreviven como pueden en un entorno detenido en el tiempo. Bajo la apariencia de comedia ligera aparece una película sobre comunidades pequeñas, soledad y necesidad de pertenencia.
Couture (Alta costura)
El cine francés sigue teniendo una capacidad única para convertir espacios aparentemente fríos en territorios emocionales. Alice Winocour lo vuelve a demostrar con Couture (Alta costura), un drama elegante y contenido que utiliza el universo de la moda como escenario para hablar de identidad, desgaste y vulnerabilidad.
Angelina Jolie interpreta a una diseñadora atrapada entre el prestigio internacional y el agotamiento íntimo. Lejos de los personajes grandilocuentes que Hollywood le ha ofrecido durante años, aquí trabaja desde la contención. Cada gesto parece medido, cada silencio tiene peso.
Winocour filma los talleres, las pruebas de vestuario y los desfiles como si fueran campos de batalla emocionales. Hay algo casi quirúrgico en su manera de observar cuerpos, tejidos y miradas. La alta costura deja de ser simple lujo para convertirse en una estructura opresiva donde la perfección termina erosionando a quienes la persiguen.
La película encuentra sus mejores momentos precisamente cuando abandona el glamour superficial y se concentra en los pequeños derrumbes cotidianos. Ahí aparece un retrato muy contemporáneo sobre el precio del éxito, especialmente para las mujeres obligadas a sostener una imagen impecable incluso cuando todo empieza a romperse.
No es un drama explosivo ni busca grandes giros emocionales. Couture prefiere avanzar desde la observación, el detalle y cierta melancolía elegante que recuerda al mejor cine europeo reciente.
Bajo tus pies
El thriller español lleva años encontrando una identidad propia lejos de la copia directa del modelo estadounidense. Bajo tus pies, dirigida por Cristian Bernard, entra precisamente en esa tradición de películas que convierten espacios reconocibles en lugares inquietantes.
Maribel Verdú interpreta a una mujer atrapada en una espiral de paranoia después de descubrir una serie de anomalías bajo el edificio donde vive. Lo que comienza como una sospecha doméstica termina transformándose en una historia de tensión psicológica donde nunca queda claro qué es real y qué pertenece al miedo.
Bernard apuesta por una puesta en escena sobria, casi claustrofóbica. Pasillos, ascensores, tuberías y sótanos adquieren una dimensión amenazante gracias a una dirección que entiende muy bien cómo administrar el fuera de campo. La película evita el susto fácil y trabaja desde la incomodidad constante.
Verdú sostiene el relato con una interpretación muy física, llena de cansancio y ansiedad contenida. Hay algo especialmente perturbador en ver cómo un entorno cotidiano empieza a deformarse lentamente ante los ojos del personaje.
Bajo tus pies funciona mejor cuando abraza esa ambigüedad psicológica y deja que el espectador complete los vacíos. Más que explicar, sugiere. Más que mostrar, insinúa. Y ahí encuentra su verdadera fuerza.
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