Hubo un tiempo en el que quedarse sentado en la butaca tras terminar una película tenía sentido. Las escenas postcréditos eran un premio para el espectador paciente, un pequeño guiño inesperado o una pista emocionante sobre lo que estaba por venir. Sin embargo, lo que durante años funcionó como un recurso diferencial terminó convirtiéndose en una obligación mecánica que agotó tanto a los estudios como al público.
El gran responsable de popularizar esta fórmula fue Marvel Studios. Aunque existían ejemplos anteriores, el estudio convirtió las escenas postcréditos en parte esencial de su universo cinematográfico. Cada nueva película prometía avances, conexiones y personajes futuros que mantenían a millones de espectadores pendientes hasta el último segundo de los créditos.
La estrategia funcionó durante mucho tiempo porque generaba sensación de continuidad. Las películas dejaban de ser productos individuales para convertirse en piezas de un enorme puzle narrativo. El espectador no solo acudía a ver una historia concreta, sino también a descubrir cuál sería el siguiente movimiento del universo compartido.
El problema apareció cuando la fórmula comenzó a repetirse demasiado. Muchas escenas postcréditos dejaron de sorprender y pasaron a sentirse forzadas o irrelevantes. Algunas únicamente servían para anunciar personajes secundarios, introducir referencias incomprensibles o anticipar proyectos que ni siquiera terminarían funcionando años después.
La saturación del modelo provocó también un desgaste evidente en el público. Durante más de una década, el espectador aceptó permanecer sentado esperando “algo importante”. Sin embargo, la mayoría de las escenas recientes apenas generan conversación real. Muchas terminan olvidadas pocas horas después del estreno o directamente convertidas en memes en redes sociales.
La propia estructura de Hollywood contribuyó al agotamiento de esta fórmula. El éxito del Universo Cinematográfico de Marvel provocó que otros estudios intentaran copiar el sistema de universos conectados. Franquicias como The Mummy o las distintas etapas del universo DC intentaron replicar ese modelo sin conseguir el mismo impacto. Las escenas postcréditos dejaron de sentirse especiales porque empezaron a aparecer en prácticamente cualquier blockbuster.
Otro factor importante fue el exceso de planificación a largo plazo. Muchas escenas postcréditos prometían historias futuras que acababan canceladas, modificadas o completamente olvidadas. El espectador perdió confianza en la idea de que esos adelantos realmente importasen. Lo que antes generaba expectación ahora muchas veces provoca indiferencia.
Incluso dentro de Marvel Studios el desgaste resulta evidente. Tras el fenómeno de Avengers: Endgame, las escenas postcréditos perdieron gran parte de su capacidad de impacto porque el universo narrativo se volvió demasiado grande, disperso y difícil de seguir para el espectador medio.
Las plataformas de streaming también modificaron la relación con este recurso. En casa, muchos espectadores directamente cambian de contenido antes de terminar los créditos o dejan que la reproducción automática los envíe al siguiente episodio o película. La experiencia colectiva del cine, donde toda una sala esperaba en silencio una escena sorpresa, prácticamente desapareció fuera de los grandes estrenos.
Aun así, las escenas postcréditos no desaparecieron completamente. Algunos directores continúan utilizándolas como pequeños homenajes, bromas finales o cierres alternativos. El problema es que Hollywood abusó tanto de una idea inicialmente brillante que terminó vaciándola de significado. Lo que antes era una recompensa para el espectador ahora muchas veces se percibe simplemente como otro trámite más dentro de la maquinaria infinita de las franquicias modernas. @mundiario
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