Metro de Madrid se ha empeñado en ser un icono pop como el «Tube» de Londres. Su plan: camisetas de fútbol retro

Metro de Madrid se ha empeñado en ser un icono pop como el

Hay ciudades que se reconocen por su metro antes de que puedas situar su bandera. El icónico roundel rojo y azul del Tube londinense ha saltado de los túneles y andenes a los armarios de medio mundo, convirtiéndose en un emblema global que la gente viste con orgullo. No es un simple logo de transporte: es la ciudad misma comprimida en un círculo. 

Esto bien lo sabe el Metro de Madrid, que lleva tiempo mirando a su homólogo británico con la envidia propia de quien aspira a trascender su condición de mero servicio público. Y acaba de dar su movimiento más atrevido para acortar distancias: lanzar su propia colección de camisetas de fútbol retro.

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La nostalgia llega al subsuelo. Con la mirada puesta en la Copa Mundial de la FIFA 2026, la Comunidad de Madrid ha lanzado Metro FC: cinco camisetas retro inspiradas en selecciones campeonas del mundo, a 54,95 euros cada una, vendidas en la tienda online del Metro y en las estaciones de Ópera, Sol y Plaza de Castilla.

Cada prenda lleva el escudo bordado del propio Metro —basado en el rombo histórico de 1921— y las siete estrellas de la Comunidad, con un color que varía según los mundiales de cada selección homenajeada. La Línea 2 es la España de 2010; la Línea 1, la Argentina de Maradona en el 86; la Línea 3, el Brasil de Romario en el 94; la Línea 5, la Alemania de Italia 90; y la Línea 10, la Francia de Zidane en el 98. La pregunta que cierra la campaña lo resume todo: «Y tú, ¿de qué línea eres?». No es solo merchandising. Es una declaración de intenciones sobre qué quiere ser el Metro de Madrid.

El modelo que envidia Madrid. Para entender lo que persigue el Metro de Madrid, hay que mirar a Londres, donde este camino lleva más de un siglo recorrido. El roundel —el círculo rojo con barra azul que identifica el Underground londinense— nació en 1908 como una simple señal de parada. Hoy es uno de los símbolos comerciales más reconocibles y emulados jamás diseñados. El arquitecto de esa transformación fue Frank Pick, responsable de comunicación del Underground en la primera mitad del siglo XX, cuya filosofía era tan simple como ambiciosa: el diseño no es algo opcional que aparece aquí y allá. El diseño debe entrar en todas partes.

El resultado de esa obsesión es hoy una máquina de marca sin parangón en el transporte público mundial. Según un estudio de Nielsen, el roundel londinense es más reconocible que Mickey Mouse, y la frase «Mind the gap» se ha convertido en uno de los sonidos más identificativos de la ciudad. El Underground genera más de cinco millones de libras al año solo en merchandising, y lleva más pasajeros durante la semana laboral que todos los demás trenes de Gran Bretaña juntos.

La conquista del streetwear. Ya no es tanto la escala, sino con quién se sienta a negociar. Entre sus colaboraciones recientes figuran Adidas, Arsenal, Prada Linea Rossa, Kurt Geiger y unas zapatillas Nike con la tela moquette del metro que se revenden online por cerca de 400 libras. En 2026 ha lanzado su tercera colección con Uniqlo, con camisetas y bolsas decoradas con gráficos icónicos del transporte londinense, celebrando el carácter y la herencia de la ciudad. Y antes, en 2023 creó una línea de streetwear completa —London Underground Studio— en colaboración con la firma surcoreana Handsome, del grupo Hyundai, con bombers de cuero y jerseys de punto que se venden en Seúl.

El símbolo ha trascendido su función de señalética para convertirse en abreviatura de la ciudad misma, inspirando moda y música pop. Es, en palabras de sus estudiosos, «cool» de una manera que raramente logran los organismos públicos. El Metro de Madrid sabe exactamente lo que quiere. Y las camisetas de Metro FC son su primer gran intento de conseguirlo.

La tendencia que le abre la puerta. El movimiento del Metro no surge de la nada: aprovecha con inteligencia el momento exacto en que la camiseta de fútbol se ha convertido en el objeto de deseo cultural de la década. Basta con pasear por cualquier gran ciudad para encontrar la estampa: decenas de jóvenes caminan vistiendo camisetas del Real Madrid de los 2000, de la Juve noventera o de la selección japonesa. No van al estadio, ni siquiera es día de partido. La frontera entre la moda de pasarela y la pasión deportiva se ha diluido por completo.

El fenómeno tiene nombre: Soccercore o Blokecore. Toma su nombre de «bloke» —el tipo común de clase trabajadora británica de los años 80 y 90— y consiste en combinar camisetas de fútbol vintage con vaqueros anchos o zapatillas clásicas. Lo que empezó a viralizarse en TikTok en 2021 ha terminado en las pasarelas de Balenciaga y en los cuerpos de Bella Hadid, Kim Kardashian o Jennie de Blackpink. Firmas como Etro o Stella McCartney han subido el estilo de los estadios a las pasarelas, y Loewe es la encargada de vestir a la selección española en este Mundial.

El negocio de la pertenencia. Es precisamente en ese contexto donde la apuesta del Metro adquiere todo su sentido. El periodista Alejandro Mendo, desde su substack Trozos de Tela, identifica el movimiento clave que lo explica: el auge de la ropa de «marca blanca» institucional. Los clubes y las instituciones han descubierto que pueden producir colecciones propias, sin grandes multinacionales de por medio, que rondan los 50 o 60 euros y que generan algo que ningún patrocinador externo puede comprar: fidelidad de marca. Metro de Madrid no vende camisetas, sino que vende pertenencia.

La narrativa de las grandes marcas también ha cambiado en este sentido. Mendo señala cómo firmas como Adidas han dejado de lado la épica muscular para sentar a sus estrellas en sillas durante sus campañas. Poner a figuras como Lamine Yamal o Jude Bellingham en una actitud relajada e introspectiva los convierte en iconos culturales más que en gladiadores del césped. El futbolista, como la camiseta que viste, ha dejado de ser solo deportista para convertirse en referente generacional.

Un ancla material en la sociedad de las «no-cosas». Hay algo más, sin embargo, que explica por qué estas prendas funcionan más allá de la moda, responden a una necesidad que va mucho más hondo. El filósofo Byung-Chul Han advierte en su ensayo No-cosas: Quiebras del mundo de hoy que en nuestra era digital estamos perdiendo el arraigo a los objetos tangibles, disueltos en información efímera y desmaterializada. En ese mundo acelerado, enfundarse una camiseta vintage es aferrarse a una de esas «cosas» salvadoras: un objeto físico impregnado de historia que ofrece algo sólido, un relato colectivo, un refugio emocional frente al vértigo moderno.

La camiseta de fútbol cumple exactamente esa función. Lo que Pierre Bourdieu llamaría un «signo distintivo»: una forma de decir quién eres y de dónde vienes sin abrir la boca. La del Metro de Madrid añade una capa más: no solo dice de qué selección eres, sino de qué barrio, de qué ciudad, de qué tribu urbana. No obstante, el fenómeno arrastra el debate de la «gentrificación estilística», es decir, la cultura popular de los hinchas de clase trabajadora fagocitada por las élites de la moda y revendida a precios que sus protagonistas originales difícilmente podrían pagar.

¿Nostalgia sin fin? Las previsiones apuntan a que el idilio entre el fútbol y el street style seguirá marcando tendencia al menos hasta que concluya el Mundial de 2026. El mercado de segunda mano seguirá inflando los precios de las prendas originales, mientras las reediciones se multiplican. Pero Alejandro Mendo ya advierte del peligro del «abuso nostálgico»: la avalancha constante de reediciones y ediciones especiales corre el riesgo de vaciar de significado la propia palabra «especial» por culpa de la saturación del mercado.

El verdadero juego del Metro de Madrid, sin embargo, va más allá de vender camisetas antes del pitido inicial. Lo que persigue es lo que el Tube londinense ha tardado más de cien años en construir: que los madrileños sientan que el metro no es solo el sitio donde esperan el tren. En otras palabras, que les representa y merece un sitio en el armario, no solo en el trayecto. El roundel del Underground tardó décadas en dejar de ser una señal de parada y convertirse en símbolo de toda una ciudad. Metro de Madrid acaba de dar su primer paso con una camiseta de Maradona y un escudo de 1921. Queda mucho trayecto por delante, pero el andén ya está anunciado.

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