Los multimillonarios intentaron ocultar sus jets privados. Ahora tienen otro problema: cualquiera puede seguir sus superyates

Los multimillonarios intentaron ocultar sus jets privados. Ahora tienen otro problema: cualquiera puede seguir sus superyates

Cuando Elon Musk decidió actuar contra las cuentas que rastreaban los movimientos de su jet privado, abrió un debate que todavía sigue vigente: hasta qué punto es razonable que cualquiera pueda seguir los desplazamientos de una persona utilizando datos públicos.

Mientras todos los millonarios miraban al aire, en el mar se estaba fraguando un movimiento similar: miles de aficionados siguen las rutas de los superyates más exclusivos del planeta gracias a la tecnología que garantiza la seguridad marítima. Lo que nació para evitar colisiones y facilitar rescates se ha convertido también en una herramienta capaz de mostrar el (supuesto) paradero de algunas de las mayores fortunas del mundo.

Localizar un superyate desde el móvil. La tecnología detrás de este fenómeno se llama AIS (por las siglas de Automatic Identification System o Sistema de Identificación Automática). Según la OMI (International Maritime Organization), todos los barcos de un determinado tamaño deben ir equipados con este sistema que transmite constantemente datos como la identidad del barco, su posición, velocidad, rumbo y su estado de navegación.

Este transpondedor fue concebido para mejorar la seguridad del tráfico marítimo y facilitar las operaciones de búsqueda y rescate. Sin embargo, la expansión de internet y de las redes de recepción terrestres y satelitales cambió completamente el alcance de esa tecnología. Plataformas como MarineTraffic recopila estas señales AIS y muestran la posición de las embarcaciones casi en tiempo real. En cuestión de segundos es posible conocer dónde se encuentra un determinado yate, qué ruta sigue o cuál ha sido su historial reciente de movimientos.

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Del planespotting al yachtspotting. Al igual que sucede con los aficionados a fotografiar aviones en las inmediaciones de los aeropuertos, la afición por fotografiar barcos existe desde hace décadas. Los llamados ship spotters suelen acudir a puertos, estrechos o zonas de tráfico marítimo para fotografiar barcos especialmente llamativos. Sin embargo, Internet ha transformado esa actividad. Ya no es necesario esperar a que un barco aparezca en el horizonte, basta con consultar una aplicación para saber dónde está amarrado o fondeado.

Uno de los mejores ejemplos es SuperYachtFan, una plataforma que ha evolucionado hasta convertirse en una base de datos especializada en propietarios de superyates, estructuras societarias y localización de embarcaciones. Según explica la propia plataforma, actualmente reúne información sobre más de 1.600 propietarios de yates. Es decir, en la práctica, el interés ya no reside únicamente en el barco, sino que parte de su atractivo también recae sobre sus ocupantes.


El superyate de Roman Abramovich es una ruina incluso amarrado a puerto: 1.000 litros de gasoil al día solo para el aire acondicionado

Un problema de privacidad. Tal y como plantearon algunos con el seguimiento en tiempo real de los jets privados de los millonarios, la exposición de estos datos de posicionamiento podría derivar en un problema para la privacidad y la seguridad de los millonarios propietarios de estos superyates. De hecho, en diciembre de 2004, la OMI abordó el problema indicando que «la publicación en la web mundial o en cualquier otro lugar de datos AIS transmitidos por buques podría ser perjudicial para la seguridad y protección de los buques».

Dos décadas después, los datos AIS continúan siendo accesibles desde numerosas plataformas de seguimiento y permiten localizar embarcaciones privadas prácticamente en cualquier punto del planeta. La misma tecnología que permite evitar colisiones entre barcos también facilita conocer dónde pasa sus vacaciones el propietario de un superyate de cientos de millones de dólares.

Algunos millonarios desaparecen del mapa. La consecuencia lógica de esta exposición pública es que algunos propietarios intentan reducir su visibilidad. La forma más sencilla: apagar el transpondedor. El caso del Launchpad de Mark Zuckerberg generó polémica precisamente por este motivo: apagó su baliza para intentar ocultar su verdadero paradero.

Sin embargo, la normativa internacional es bastante clara al respecto y establece que los barcos equipados con AIS deben mantener el sistema activado en todo momento, salvo situaciones excepcionales contempladas por acuerdos o normas internacionales relacionadas con la protección de información de navegación.

Eso no significa que exista una sanción internacional automática por incumplir esta recomendación, pero la aplicación de la normativa depende de las autoridades marítimas nacionales y del Estado de bandera correspondiente. Según el histórico de sanciones, el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana ya ha impuesto sanciones por este motivo por importes superiores a los 20.000 euros.

En Xataka | Si la pregunta es por qué solo los ricos pueden permitirse comprar un yate, la respuesta es más que evidente: la regla del 10%

Imagen | Unsplash (Rockwell branding agency)


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Rubén Andrés

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