En 2016 Colombia firmó un acuerdo de paz histórico. Luego la superficie dedicada al cultivo de cocaína se disparó

En 2016 Colombia firmó un acuerdo de paz histórico. Luego la superficie dedicada al cultivo de cocaína se disparó

En Colombia el 24-11-2016 es una de esas fechas que se cuelan en los libros de historia y que los escolares estudian durante generaciones. O al menos así se esperaba hace una década, cuando (tras años de negociaciones y una complicada tramitación con pasos adelante y atrás) el Gobierno y las FARC firmaron un Acuerdo de Paz que pretendía marcar un punto de inflexión en el historial de narcotráfico y violencia del país. La realidad hoy es que el mapa de la coca colombiana quizás sea distinto al de 2016, pero no se ha replegado. 

Todo lo contrario.

Haciendo balance. La segunda vuelta de las selecciones colombianas coincidirá casi con el décimo aniversario del acuerdo firmado en 2016 por las FARC-EP y el Gobierno, por entonces encabezado por Juan Manuel Santos.

Con ese telón de fondo, esta semana el diario británico Financial Times publicó un amplio análisis en el que examina cómo ha cambiado el negocio de la cocaína, el narcotráfico y la violencia en el país durante la última década. Y el resultado no es precisamente bueno. Si hubiera que resumirlo, podría hacerse así: más hectáreas de cultivo, mayor rendimiento, más negocio y menos ideología.

Graficococa

Cambio de actores. Una de las ideas clave que deja botando FT es que, lejos de acabar con el narcotráfico y el cultivo de coca, el acuerdo de 2016 solo ha servido para cambiar a sus protagonistas. El lugar que en su día ocupaba la organización insurgente de extrema izquierda FARC se lo reparten ahora grupos armados más movidos por la búsqueda de lucro. Del discurso basado en la política se pasa al negocio. No solo eso. La cadena logística se ha fragmentado y especializado, aunque en el nuevo mapa destacarían sobre todo tres grandes actores.

Uno es el Ejército de Liberación Nacional (ELN), organización guerrillera de izquierdas que expande su influencia hasta Venezuela. Otro grupo lo forman antiguos miembros de las FARC descontentos con el pacto de 2016 y que ahora actúan como disidentes. El tercer protagonista es el Ejército Gaitanista, también conocido por sus siglas (EGC) o como Clan del Golfo, formado por paramilitares de derechas. Para la directora de la Fundación Ideas para la Paz (FIP),María Victoria Llorente, esta última es «la mayor organización criminal de Colombia».

¿Qué ha pasado exactamente? Que el Estado no ha logrado ocupar el lugar que dejaron las FARC, lo que se ha traducido en una enorme oportunidad para otras organizaciones interesadas en el narcotráfico. Lo resumía hace no mucho Toby Muse, reportero y autor de ‘Kilo’, en una entrevista con ABC

«Las FARC tenían el control de muchos de los lugares donde se sembraba la coca. Cuando bajaron las armas dijeron claramente al Gobierno: ‘Ahora este territorio es tuyo. Hay que introducir un mínimo de ley y proteger a los campesinos. Eso es el proceso de paz. Este territorio ahora es tuyo’. El Gobierno fue incapaz de tomar el control. Otros grupos lo hicieron y generó un nuevo ciclo de violencia».

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La cifra: 253.000 hectáreas. Geoff Dyer y Joe Daniels, los reporteros que firman el reportaje de FT, no se han limitado a recabar testimonios de expertos y lugareños. En su crónica también deslizan algunas cifras que ayudan a entender cómo ha cambiado el mapa de la coca en Colombia desde 2016. 

De todas, quizás la más rotunda son las estimaciones de la ONU sobre la superficie cultiva: entre 2018 y 2023 habría aumentado alrededor de un 50% hasta alcanzar las 253.000 ha. Ese crecimiento ha ido acompañado además de otro igual de sólido en la producción de clorhidrato de cocaína pura.

Un balance cuestionable. Hace solo unos días el presidente Gustavo Petro aseguró que el Ejecutivo espera que la superficie con cultivos de coca ronde este año las 253.358 ha, lo que, insistió, supone una reducción con respecto a 2025. En cualquier caso, sigue siendo superior a la que la ONU calculaba en 2022 y cuestiona el éxito de las políticas impulsadas hace una década por el Ejecutivo para animar a los campesinos a abandonar las plantaciones de coca. 

En 2017, por ejemplo, el Transnational Institute (TNI) informaba de cómo se estaba desarrollando un «plan de sustitución de cultivos» para, mediante incentivos económicos, eliminar 50.000 ha de coca en solo un año.

Solo una parte de la ‘foto’. No se trata solo de que haya aumentado la superficie cultivada. En su informe de 2024 la ONU señala también un aumento sensible en el rendimiento de las hectáreas cultivadas, un fenómeno que coincide con la decisión del Gobierno de prescindir de las fumigaciones aéreas con glifosato como herramienta para erradicar plantaciones de coca. 

La decisión se tomó hace una década por su impacto en el medioambiente y la salud de la población, pero al Gobierno de Petro no le ha quedado otra que dar marcha atrás y recuperar las fumigaciones con ayuda de drones.

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Más sofisticados. En general el análisis de Financial Times señala que las nuevas generaciones han ‘profesionalizado’ la producción de coca en Colombia, apostando por nuevas variedades de cultivos, prácticas agrícolas más eficientes y un procesamiento más sofisticado. Incluso se han mejorado los laboratorios. El medio británico desliza que, aprovechando su control del territorio, algunos grupos incluso se han metido en otros negocios, como la minería ilegal de oro.

Más allá de Colombia. Que la producción de coca aumente en los bosques colombianos tiene efectos más allá del país o incluso de América del Sur. En su ‘Informe Mundial sobre Drogas 2025’, Naciones Unidos recordaba que en 2023 la producción, incautaciones y consumo del polvo blanco había alcanzado «nuevos máximos», confirmándose como «la droga ilícita con mayor crecimiento». 

Según sus cálculos, la producción se disparó casi un 34% entre 2022 y 2023 y el consumo pasó de 17 millones de usuarios en 2013 a cerca de 25 millones en 2023. Aumentan los alijos cazados antes de llegar a su destino, pero lo hace también la producción, algo que incluso se ha dejado sentir en la cotización de los fardos.

El reflejo en Europa. En la cadena global están por un lado los grandes productores (Colombia, Perú y Bolivia) y del otro los principales mercados de consumo. En estos últimos también se aprecian cambios importantes, algo que queda claro en Bélgica, que se arriesga a convertirse en un ‘narcoestado’.  

El ‘Informe Europeo sobre Drogas’, recién publicado, señala que en 2024 el volumen de coca interceptada en el viejo continente se redujo algo más de un 20%, alejándose de las 419 t de 2023. El dato debe manejarse en cualquier caso con cautela. La propia UE recuerda que las incautaciones subieron, de 95.000 a 97.000, lo que sugiere que los narcos optan por envíos más fragmentados.

Imágenes | ONU y Ejército Nacional de Colombia (X)

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En 2016 Colombia firmó un acuerdo de paz histórico. Luego la superficie dedicada al cultivo de cocaína se disparó

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Carlos Prego

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