Queremos encontrar planetas con vida más allá de la Tierra, pero seamos honestos: no tenemos los mejores instrumentos para conseguirlo. Los telescopios espaciales de los que disponemos hoy en día no están suficientemente capacitados para tomar fotografías precisas de los exoplanetas y, de paso, analizar posibles biofirmas en su atmósfera. El Telescopio Espacial James Webb, posiblemente el más potente de la actualidad, ha hecho algún pinito, pero se sigue quedando corto. Por eso, un equipo de científicos del Instituto W.M. Keck para el Estudio del Espacio ha propuesto una curiosa solución: enviar un enjambre de telescopios a estudiar el cosmos con una lupa que no hemos podido usar hasta ahora.
Los requisitos. Hay dos problemas principales por los que los exoplanetas son tan difíciles de analizar. El primero es que están muy cerca de su estrella, que suele ser entre millones y miles de millones de veces más brillante que ellos. El segundo que son muy pequeños, por lo que se necesitan telescopios suficientemente grandes para tomar imágenes con una resolución adecuada. Ese es justamente el hándicap principal del James Webb. Le falta tamaño. Y lo cierto es que sería complicado hacer un telescopio tan grande como para alcanzar la resolución deseada. Uno no puede ser, pero varios pequeños sí.
La propuesta de estos astrónomos es lanzar un enjambre de muchas naves pequeñas que concentren y envíen luz a una especie de nave nodriza. Esta es la que lleva a cabo los trucos ópticos necesarios para bloquear la luz de la estrella principal y, de paso, analizar la firma térmica del planeta con más precisión.

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¿Qué es eso de la firma térmica? Para solucionar el problema de la luz de la estrella se pueden usar coronógrafos. Estos son instrumentos que bloquean la luz de la estrella, generando algo parecido a un eclipse. Así, se puede medir solo la luz reflejada del exoplaneta. Será la misión del Observatorio de Mundos Habitables (HWO), un gran telescopio que lanzará la NASA en la década de 2040 como sucesor del Hubble, ya que trabaja en el ultravioleta y en la luz visible.
La cuestión es que, más que la luz reflejada, sería ideal medir la luz directa que emiten térmicamente los exoplanetas. Esto se hace midiendo en el infrarrojo medio. El James Webb es capaz de hacerlo; pero, como ya hemos visto, es demasiado pequeño. Ahí es donde entra en juego el enjambre bautizado como Large Interferometer for Exoplanets (LIFE). Al ser un enjambre de naves pequeñas, actúa como una nave muy grande.
Biofirmas. Algo bueno de medir en el infrarrojo medio es que también se pueden detectar emisiones derivadas de sustancias asociadas a la vida, como el ozono, el metano, el agua, el dióxido de carbono o la fosfina. Eso significa que LIFE no solo puede hacer una foto más precisa de los exoplanetas. También puede comprobar si tienen vida. El nombre le va como anillo al dedo.
Soldados caídos y trabajo en equipo. El Interferómetro Localizador de Planetas Terrestres de la NASA y la misión Darwin de la ESA seguían un concepto parecido al de LIFE. Sin embargo, se han acabado abandonando tras encontrar un escollo técnico detrás de otro. En cambio, los ingenieros de LIFE esperan poder ir avanzando a medida que lo haga la tecnología, para no parar en ningún momento. Si todo va bien, se espera poder lanzarlo en la década de 2040, igual que el HWO.
El objetivo es que ambos trabajen en equipo, ya que uno se desempeña en el infrarrojo medio y otro en el visible y el ultravioleta. Aunque analicen lo mismo, lo hacen por métodos diferentes, por lo que uno podrá eliminar los falsos positivos del otro. Son el team perfecto.
Imágenes | Magnific/NASA
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La noticia
El plan para encontrar vida extraterrestre en 2040 pasa por un enjambre de naves espaciales trabajando en equipo
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Azucena Martín
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