El Festival Internacional de Cine de Friburgo (FIFF) ha clausurado su histórica 40ª edición consolidándose como uno de los certámenes más singulares de Europa en este 2026. Con más de 51.000 espectadores, el festival ha demostrado que su ADN basado en el compromiso político y la visibilidad de cinematografías poco representadas sigue más vivo que nunca. Bajo la dirección de Thierry Jobin, el evento ha reforzado su misión original: ser una ventana abierta a las historias de África, Asia y América Latina.
Un palmarés marcado por la censura y el conflicto en 2026
Los premios de este año reflejan un cartel profundamente comprometido. El Gran Premio fue para ‘Divine Comedy’, una sátira del iraní Ali Asgari sobre la burocracia y la censura en su país. Por su parte, el cine ucraniano tuvo un papel protagonista con ‘Honeymoon’, de Zhanna Ozirna, que logró el doblete al ganar el premio de la crítica y el del jurado juvenil. Estos galardones subrayan la identidad de un festival donde el cine no es solo arte, sino una herramienta de denuncia y examen de las crisis contemporáneas que asolan el panorama global.
Innovación institucional: El primer Premio de Cine de Friburgo
Una de las grandes novedades de esta edición aniversario ha sido la creación del Premio de Cine de Friburgo, lanzado en colaboración con la Universidad local. Este galardón a la trayectoria ha recaído en la directora tunecina Kaouther Ben Hania, cuya obra aborda las urgencias de nuestro tiempo. Con esta iniciativa, el FIFF busca elevar la conversación internacional sobre el cine como forma de estudio social, integrando jurados diversos desde estudiantes hasta colectivos de mayores para democratizar el proceso de premiación en este 2026.
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