La naturaleza tiene una asombrosa capacidad para esconder a sus depredadores más eficientes a plena vista, y a día de hoy seguramente haya muchas plantas a nuestro alrededor que son carnívoras y no lo sabemos. Esto es lo que le ocurrió en 1875 al mismísimo Charles Darwin, que en su obra Insectivorous Plants planteó que ciertas especies de plantas alpinas parecían tener una extraña afición por atrapar insectos. Pero, por desgracia, murió sin poder demostrarlo.
Ha cambiado. Ahora, un siglo y medio después, la ciencia le ha terminado dando la razón, y más concretamente un equipo internacional de investigadores que ha sido capaz de confirmar que la Saxifraga candelabrum, una planta que parecía inofensiva, es en realidad una letal devoradora de insectos.
Este gran descubrimiento fue publicado a principios del mes de agosto y representa un hito botánico que nos ha hecho darnos cuenta de que, pese a que creemos conocer mucho de lo que nos rodea, en realidad hay demasiados secretos.

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Una carnívora. En el mundo de la botánica, que un insecto muera pegado a una hoja no convierte a la planta en carnívora automáticamente. Y es que para ostentar este título de pleno derecho, se exigen diferentes criterios, como por ejemplo una atracción selectiva por parte de la planta. Esto es muy importante, porque una planta carnívora no atrapa por accidente, sino que atrae a sus víctimas emitiendo compuestos volátiles que actúan como imanes irresistibles para pequeños dípteros.
Una trampa que tiene una gran complejidad detrás, puesto que ha sido diseñada por la naturaleza para dejar escapar a los insectos de mayor tamaño, asegurando así que sus polinizadores principales no acaben siendo la cena.
Una captura infalible. Una vez se ha diseñado el modo de atraer al insecto, hace falta que los tallos y las hojas de la planta estén recubiertos de pelos glandulares extremadamente pegajosos. Un sistema que es sumamente eficaz en esta Saxifraga candelabrum puesto que los investigadores, tras analizar 45 especímenes históricos conservados en los herbolarios, vieron que contaban con insectos atrapados en 43 de ellos.
Pero no se queda aquí, puesto que esta planta no ‘espera’ de manera pasiva a que las bacterias hagan el trabajo sucio, sino que estos pelos glandulares secretan fosfatasa, una enzima capaz de digerir activamente a sus presas. Algo que está completamente ausente en especies emparentadas que no son carnívoras.
El último paso. Una vez que esta planta, que estuvo detrás de la oreja de Darwin, consigue digerir a sus presas, hace falta recoger lo que buscaba, que son los nutrientes. Y aquí los investigadores, tras probar con moscas de la fruta previamente marcadas con nitrógeno-15, vieron que conseguían digerirlas, pasando el nitrógeno a través de los tejidos de la planta.

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Un hito genético. La importancia de este descubrimiento va mucho más allá de tachar un punto en la lista de tareas pendientes de Darwin, sino que se trata de la primera planta carnívora confirmada dentro del orden de las saxifragales, lo que amplía significativamente nuestro árbol de la vida botánico.
Pero lo que más ha fascinado a los biólogos es la constatación de una convergencia genómica a gran escala, puesto que al comparar el ADN de la Saxifraga candelabrum con el de otras líneas carnívoras célebres, los investigadores han descubierto que todas ellas llegaron a las mismas soluciones biológicas partiendo de caminos evolutivos totalmente independientes.
Imágenes | Agencia SINC
Vía | elDiario
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La noticia
Darwin murió sin poder demostrarlo. 150 años después, la ciencia acaba de darle la razón con una planta carnívora
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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