En una isla, los recursos y el inventario de la biodiversidad es diferente y con un flujo más limitado al que hay en el continente. Así que hace más de 50 años, el gobierno de España auspiciado por los cazadores tomó la decisión de introducir muflón europeo en Canarias, como cuenta la Asociación para la Conservación de la Biodiversidad Canaria (ACBC). Hoy, las islas tienen un grave problema con esa oveja salvaje oriunda de Córcega y Cerdeña.
Qué está pasando. El muflón (concretamente, de Ovis orientalis musimon) está considerado una especie invasora en Canarias: ocupa las cumbres de Tenerife entre los 1.400 y los 3.100 metros de altitud y como no tiene depredadores naturales en la isla, según el Cabildo de Tenerife, campa a sus anchas pisoteando y devorando la vegetación autóctona. Y su presencia se extiende mucho más allá.
De apenas 11 ejemplares iniciales ahora hay más de los que pensábamos hace apenas tres años. Como explica Jaime Coello, director de la Fundación Telesforo Bravo (una ONG dedicada a preservar, estudiar y divulgar el legado científico, natural y cultural del investigador que le da nombre): «debe haber muchas más de 500 animales, porque se les ve cerca de núcleos habitados y en zonas de Corona Forestal donde no se pensaba que estuvieran.» Ojo, porque en La Palma está documentada la existencia de ejemplares híbridos con oveja doméstica.
Por qué importa. Porque el Parque Nacional del Teide, de unas 19.000 hectáreas de extensión, es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2007 y alberga plantas endémicas (concretamente, 12 exclusivas de Tenerife) que son únicas en el mundo y que evolucionaron en ese ecosistema insular sin grandes herbívoros, como explica la Universidad de la La Laguna.
Además de comerse las plántulas y minar las poblaciones de algunas especies, Coello profundiza en su impacto en el medio ambiente: «También se cambian las condiciones del suelo por sus deposiciones y producen efectos erosivos, generando problemas de derrumbamiento y erosión de caminos». Esto es especialmente importante en zonas afectadas por incendios. Y las acciones para controlar su población cuestan dinero a la administración.

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(Alguien creía) que faltaba caza mayor. Estos muflones son un legado del gobierno de Franco en España. Ciñéndonos al caso de las Canarias, a finales de los 60 la Federación Tinerfeña de Caza echaba en falta especies de caza mayor y «elementos decorativos del reino animal» (sic), como recoge eldiario.es.
Así que el Instituto para la Conservación de la Naturaleza autorizó la introducción de siete hembras y cuatro machos. Manuel Nogales, delegado en las islas Canarias del CSIC, explica que por aquel entonces el tema de la conservación era un tanto incipiente y que no había una idea clara de lo que era.
El melón de su erradicación. El muflón fue declarado como especie invasora en Canarias en 2011, pero su población sigue aumentando. Y eso que asociaciones ecologistas insulares como ACBC y ATAN ya en 2022 pusieron un plazo máximo a su erradicación de tres años. ¿Qué está pasando? Se da una paradoja curiosa: llegó por culpa de la caza y el principal método de erradicación hasta la fecha ha sido la batida precisamente.
Así, su población se controla con un cupo mínimo de animales a batir: en 2026 por ejemplo el límite está en 236 ejemplares como detalla el Boletín Oficial de Canarias, un 26% más que los 187 del año anterior. En opinión de Jaime Coello, la razón está en que nunca ha habido una voluntad verdadera de erradicación de este animal. Algunas asociaciones ecologistas piden que el control se base en datos científicos, monitorizadas por la administración y ejecutadas por personal especializado.
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Portada | Aldrin Rachman Pradana
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La noticia
En 1971 soltaron 11 ovejas salvajes en el Parque Nacional del Teide para la caza mayor. Hoy son una pesadilla ecológica
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Eva R. de Luis
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