Bajo un pueblo blanco de Huelva hay una catedral de piedra y agua que la gente visita desde antes de que existiera el dichoso turismo de naturaleza. La escena es un poco rara: si subes al castillo de Aracena ves tejados, dehesas, encinas. Pues bien, justo debajo late una cueva de 2.130 metros de desarrollo, con tres niveles de galerías y lagos que parecen sacados de El Señor de los Anillos. Y no está perdida en un acantilado remoto: la entrada está en la calle Pozo de la Nieve, en pleno casco urbano, a cinco minutos andando de bares, carnicerías y tiendas de jamón.
La Gruta de las Maravillas, bajo ese casco histórico de Aracena (en Huelva), fue abierta al público en 1914 y se considera la primera cueva turística de España. Un sistema de galerías y lagos excavado en calizas de más de 500 millones de años. En 2026 es el gran imán del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, con casi 150.000 visitantes al año.
Una cueva pionera. La historia arranca a mediados del siglo XIX, cuando las noticias hablan de una “mina” en el Cerro del Castillo que en realidad es la cavidad que luego será gruta. La leyenda pone como protagonista al Tío Blas, un pastor que busca un cerdo perdido y se asoma a un hueco que da al interior de la montaña. Quién sabe. Los documentos serios señalan labores mineras en torno a 1850 y referencias de ingenieros como Gonzalo y Tarín a la “Cueva de Aracena”.
En 1911, el Marqués de Aracena y el alcalde Juan del Cid pagan de su bolsillo el acondicionamiento turístico de la cavidad; en septiembre de 1914 se abre al público y se convierte en la primera gruta visitable de España y en uno de los hitos del turismo subterráneo europeo temprano. La gestión pasa al Ayuntamiento en 1933, que la mantiene como recurso municipal y la ha ido ampliando conforme se descubrían nuevas salas y niveles a lo largo del siglo XX.
Discos duros bajo tierra. La cifra clave: 2.130 metros de longitud total, con unos 1.200 metros habilitados para el recorrido turístico estándar. La cavidad es freática, excavada por la acción erosiva y disolutiva del agua sobre las calizas y mármoles cámbricos del Cerro del Castillo, materiales con más de 500 millones de años de antigüedad. Para situarnos: por aquel entonces no había ni perros ni gatos ni nada que se nos parezca. Nuestros antepasados ponían huevos.
Dentro, la temperatura se mantiene estable entre 16 y 19 grados, con una humedad relativa del aire que roza siempre el 100%; la sensación es de microclima cerrado, ideal para que crezcan estalactitas, columnas y coladas, pero también para que el visitante se olvide del calor de la sierra de agosto. ¡Viva! Se distinguen tres niveles de galerías superpuestas, con salas como el Gran Lago, los Brillantes o la Cristalería de Dios, que encadenan espacios de escala casi catedralicia con pasillos estrechos y grutas inundadas.
Lagos de fantasía y “catedral” subterránea. Los lagos son el gran efecto especial. Ocupan buena parte del primer nivel y aparecen como láminas de agua cristalina, teñidas en azules y verdes irreales por la iluminación y por los minerales disueltos. La prensa de viajes habla de “pura fantasía” al referirse a la gruta, y subraya que las rocas que sostienen ese sistema de lagos y bóvedas se formaron cuando la Tierra no tenía ni el mismo mapa de continentes ni la misma atmósfera que ahora.
El calificativo de “catedral subterránea” tiene sentido porque varias salas cuentan con techos muy altos, dimensiones de nave central y paredes cubiertas por cortinas de calcita, columnas y excéntricas que parecen arquitecturas orgánicas. Hay zonas donde el agua ha construido terrazas escalonadas de piedra, pequeñas presas naturales que se llenan y rebosan con un ritmo lento e hipnótico, y otras donde el techo baja, lo que obliga al grupo a avanzar casi en fila.
La Gruta de las Maravillas recuerda a otros iconos como El Soplao, las cuevas del Drach o Nerja. Pero, si bien no es ni la más grande ni la más famosa, sorprende más que otras como las de Tito Bustillo, las cavernas mallorquinas o las granadinas por su condición de pionera y buena conservación.
Cómo se visita en 2026. En la práctica, la Gruta de las Maravillas funciona como una atracción muy regulada: visitas guiadas de unos 45–50 minutos, grupos con límite de personas y un máximo diario de 1.000 entradas por razones de conservación. Sí, hay que reservar en temporada alta. La taquilla abre mañana y tarde, todo el año excepto los festivos clave (24, 25 y 31 de diciembre, 1 y 6 de enero), y durante puentes se amplía horario hasta agotar aforo.
La mayoría de guías repite la prohibición de hacer fotos en el interior. En Tripadvisor, las opiniones recientes hablan de una media de 4,5 sobre 5, con visitantes que definen la gruta como “una auténtica joya a nivel mundial” o “imprescindible si visitas la Sierra de Aracena”, y otros que señalan problemas puntuales de grupos grandes, suelo resbaladizo o guías poco comunicativos.
En cuanto al precio, la entrada simple se mueve en una horquilla en torno a los 10–12,50 euros para adultos, con tarifas reducidas para mayores, niños y personas con discapacidad; además se ofrecen tarjetas combinadas que incluyen gruta, castillo y Museo del Jamón por unos 18 euros. La reserva, en mayor medida, online. Y, como decía, conviene asegurarlas con antelación para no quedarse fuera en días de aforo completo.
Y cómo llegar al “centro de la Tierra” (en carretera). Aracena está a poco más de una hora y cuarto en coche desde Sevilla y algo más de hora y media desde Huelva, conectada por la N‑433 y la N‑435, las dos carreteras que cruzan la sierra hacia Portugal y Extremadura. Desde Madrid, el viaje por carretera ronda las cuatro horas, y hay autobuses diarios desde Sevilla operados por Damas que dejan al visitante directamente en el pueblo.
La clave es que no hace falta meterse en pistas forestales ni carreteras secundarias: la entrada a la gruta está señalizada dentro del casco histórico y hay parkings cercanos, algo que convierte la visita subterránea en plan asumible para familias, colegios y escapadas de fin de semana. Por eso muchas agencias la integran en rutas temáticas donde se mezclan cuevas, dehesa y degustaciones de jamón ibérico, en un paquete que vende “centro de la Tierra” y “centro de la bellota” en la misma jornada.
La gruta no está sola. Forma parte del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, uno de los espacios protegidos más extensos de Andalucía, con unas 186.000–186.800 hectáreas cubiertas por dehesas, castañares y bosques de ribera. La zona está adherida a la Carta Europea de Turismo Sostenible, declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO y convertida en laboratorio de ecoturismo donde se cruzan senderos, granjas de cerdo ibérico y pueblos blancos.
En 2025, el destino Aracena sumó casi 300.000 visitas en sus principales recursos municipales, con la Gruta de las Maravillas a la cabeza, seguida del castillo fortaleza y del Museo del Jamón. Al mismo tiempo, la comarca se vende como “cuna del mejor jamón del mundo”, con la DOP Jabugo como sello y productos turísticos como la Ruta del Jabugo o la Ruta del Jamón Ibérico. Aunque no recomendaría a ningún vegano ir a un secadero.
La oferta se completa con más de 600–800 kilómetros de senderos señalizados, rutas como Charco Malo o la Ribera del Jabugo, actividades de piragüismo, escalada y micología, y un festival de ecoturismo reciente que refuerza la imagen de la sierra como destino de baja densidad y alta intensidad natural. Este corazón geológico responde, en suma, a ese intento por conjugar conservación, negocio y vida rural sin perder el encanto de bajar al vientre del cerro y salir luego a un bar a comer jamón. Poca opción vegetariana, eso sí.
Imágenes | Flickr (Luis Estrada, WindEnric)
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La noticia
En Huelva se esconde la primera cueva turística de España: dos kilómetros con lagos subterráneos formados hace más de 500 millones de años
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Xataka
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Isra Fdez
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