La colonia noruega que ha tomado un pueblo de Alicante y tiene hasta su propia constitución: L’Alfas del Pi

La colonia noruega que ha tomado un pueblo de Alicante y tiene hasta su propia constitución: L'Alfas del Pi

La Avenida del Albir huele a salitre y a arenque marinado. Hay brunost en el supermercado, ese curioso queso marrón de noruegos. También hay bolsas de salmiakki, el regaliz salado finlandés. Un hombre rubio camina con un bunad acompañado de otros dos en camiseta. Los tres sudan a mares. Hasta una clínica dental tiene su cartel en sueco, pero no es un barrio residencial de Oslo o Estocolmo, es L’Alfàs del Pi. Es un enclave alicantino de 20.000 habitantes que opera como una base vikinga, el duodécimo condado noruego, bajo el sol áspero del Mediterráneo.

Un delirio demográfico. El Instituto Nacional de Estadística marca poco más de 21.000 habitantes, pero casi un 30% del censo proviene de Noruega. Sumemos otro 20% entre finlandeses, suecos y daneses. Las cifras oficiales fluctúan según las temporadas: muchos residentes no registran su padrón municipal por motivos fiscales (solo hay unos 2.5000 noruegos censados). Sin embargo, la realidad visual no miente. Hay runas y varios escaparates de inmobiliarias locales que ignoran el euro y tasan villas directamente en coronas. En plena Costa Blanca.

Y aquí se celebra el 17 de mayo con devoción. Porque este día se celebra el Día de la Constitución noruega. La fiesta paraliza el pueblo y miles de personas desfilan por las calles centrales. Los niños rubios agitan sus banderas y las bandas de música tocan el himno nacional. El alcalde español, Vicente Arques Cortés, político y psicopedagogo, pronuncia discursos institucionales en perfecto noruego. Sin ellos, “solo habría olivos, almendros y cabras”, resume en el que es, junto a Londres, la mayor colonia de súbditos nórdicos del planeta.

Un vínculo diplomático de ocho siglos. Ya en el siglo XIII, el rey Haakon Haakonsson ‘el Viejo’ viajó a España para casar a su hija con Felipe, infante de Castilla, quinto hijo de Fernando III y hermano del rey Alfonso X El Sabio. Según el relato, al final la princesa cayó presa de la melancolía por vivir tan lejos de su hogar natal. Sus restos yacen en la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias, lo que da lugar al camino de peregrinación de San Olav.

Aquel matrimonio selló uno de los primeros grandes vínculos diplomáticos entre los reinos escandinavos y la península ibérica. La princesa Cristina de Noruega nunca se adaptó ni al clima, la lengua ni a una corte castellana radicalmente distinta de los fiordos donde había crecido. Murió apenas cuatro años después de llegar a Castilla, con solo 28 años. Su dolor selló una relación que habrá quien considere que empezó con los jubilados de la Costa Blanca.

Mafias y violencia. A cambio, las páginas de sucesos de L’Alfàs del Pi tienen espacio aparte. Porque, al parecer, no solo importan jubilados pacíficos, también atraen el terror absoluto. En esta pequeña Escandinavia, los clanes de mafia sueca y noruega controlando buena parte del narcotráfico europeo desde aquí. Se sabe desde hace una década que clubes como el Den Norske Klubb son “problemáticos”. Los moteros de Hells Angels establecieron bases operativas en Alicante hace años y controlan buena parte del ocio nocturno. Todavía se investigan tramas millonarias de lavado de dinero.

A las recientes noticias de venta de vapers a menores o las 17 personas detenidas por una banda criminal que robaba joyas a punta de pistola se suma todo ese hachís que llega en lanchas rápidas desde Marruecos, o la ca cocaína que entra por los puertos de Valencia y Algeciras. Las organizaciones escandinavas compran la mercancía en suelo alicantino. Luego, la envían al norte de Europa mediante complejas redes logísticas.

Vivir y morir sin hablar español. El Informe Europol (SOCTA – Serious and Organised Crime Threat Assessment analiza la expansión de redes criminales escandinavas en el sur de Europa y concluye que se requieren “medidas drásticas”. El crimen organizado trae sangre fresca y ajustes de cuentas. Y el Ministerio del Interior ha publicado varios balances de criminalidad de la UDYCO (Unidad de Drogas y Crimen Organizado) sobre esta problemática social.

El Club Noruego Costa Blanca, el colegio noruego, la monumental iglesia protestante y otros servicios se han establecido para que el residente noruego pueda vivir cómodamente sin necesidad de pronunciar una sola palabra de español, como sucede en Fuengirola con los finlandeses, Torrevieja con su concentración de rusos y ucranianos u Orihuela con los miles de británicos que alberga.

Un oasis para buenos y malos. La inmensa mayoría de los residentes noruegos forman parte de una comunidad asentada desde hace décadas. Películas como ‘Luger’ (2025) coquetean con una idea que demasiadas veces solo es pura xenofobia. Poseen asociaciones culturales como el Centro de Voluntariado-Frivilling, colegios financiados por Noruega, clubes deportivos, prensa en su idioma, comercios especializados y la vida social que ha trastocado la economía local. El calor, y no solo el del sol sino el de la convivencia, explica por qué el municipio sigue siendo un referente para la emigración escandinava en el Mediterráneo. Sin embargo, el municipio también es víctima de esa otra cara.

Los agentes locales, por ejemplo, colaboran a diario con el Kripos, la policía nacional noruega, que ya ha destapado casos como la red que operaba pagando con tokens de monero. El nordic noir, no tan frío, pero igual de calculado en las apalmeradas calles de L’Alfàs del Pi. Durante los últimos años, helicópteros policiales mapearon las señales térmicas de las granjas de minado de cripto, usadas para financiar el crimen. Como le está sucediendo ahora a Bélgica, las redes alicantinas sirvieron para el apogeo de EncroChat (2020) y Sky ECC (2021), dos redes desde las cuales se movían mafias europeas con más de 800 criminales implicados.

Imágenes | EFE/Pablo Miranzo

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La colonia noruega que ha tomado un pueblo de Alicante y tiene hasta su propia constitución: L’Alfas del Pi

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Isra Fdez

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