Los entresijos de las grandes producciones de Hollywood suelen dejar anécdotas memorables que revelan el nivel de compromiso que las estrellas adquieren con sus personajes. Durante la filmación de la esperada película de corte histórico La Odisea, el nuevo proyecto cinematográfico dirigido por el célebre realizador Christopher Nolan, el ambiente en el set de grabación se llenó de sorpresa y preocupación por el comportamiento de su actor principal. Los intérpretes Robert Pattinson y Tom Holland confesaron haber experimentado una gran inquietud al escuchar constantes alaridos procedentes del camerino privado de su compañero de reparto, lo que desató todo tipo de especulaciones sobre su estado de salud físico.
La realidad detrás de aquellos perturbadores sonidos resultó ser una técnica de preparación vocal sumamente extrema para encarnar al fatigado personaje de Odiseo. El veterano intérprete estadounidense pasaba largas jornadas forzando sus cuerdas vocales mediante intensos gritos en solitario con el único objetivo de desgastar su tono de voz natural y sonar considerablemente más envejecido ante las cámaras de grabación. Sus compañeros de reparto admitieron entre risas que llegaron a pensar que se trataba de un brote psicótico o de una terrible indisposición estomacal, admirando posteriormente la enorme dedicación de un profesional que arriesgaba su propia garganta para alcanzar la perfección artística.
La transformación del oscarizado actor para cumplir con las exigencias del exigente director británico no se limitó únicamente al apartado de la interpretación vocal. El artista desveló en una reciente entrevista radiofónica que se sometió a una estricta disciplina nutricional que le llevó a reducir su peso corporal de forma drástica hasta fijarlo en unos setenta y cinco kilos. Siguiendo las indicaciones específicas del cineasta, quien requería un físico que luciera demacrado pero sumamente fibroso, el actor eliminó por completo el consumo de gluten de su dieta diaria y aumentó la intensidad de sus entrenamientos diarios en el gimnasio, alcanzando una ligereza física que no registraba desde su adolescencia.
Este riguroso proceso de adelgazamiento contrasta notablemente con las exigencias de antiguos proyectos cinematográficos donde el actor tuvo que recorrer el camino inverso para ganar volumen. Para la filmación del largometraje de intriga El informante, el intérprete tuvo que aumentar más de trece kilos comiendo de forma descontrolada comida rápida y consumiendo cerveza oscura entre las diferentes tomas del rodaje. Aquella placentera experiencia gastronómica dista mucho del enorme sacrificio físico actual, el cual ha requerido un control médico constante para garantizar una transición segura hacia las necesidades estéticas de esta nueva epopeya histórica.
El extraordinario esfuerzo de los intérpretes para amoldarse a la particular visión del director británico ha elevado notablemente las expectativas del público internacional ante este inminente lanzamiento. Los detalles sobre los métodos de trabajo compartidos por los propios miembros del elenco demuestran que el largometraje aspira a convertirse en una de las obras más orgánicas y viscerales de la cartelera cinematográfica actual.
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