El cine histórico norteamericano de perfil más tradicional encuentra un nuevo exponente en las carteleras estivales a través de relatos que buscan apelar de manera directa a la nostalgia y a los valores fundacionales de su audiencia. La productora Angel Studios ha lanzado de cara a las festividades del cuatro de julio el largometraje El joven Washington, un drama biográfico dirigido por el realizador Jon Erwin. Concebida formalmente como una producción de corte neoconservador, la cinta esquiva deliberadamente las complejidades políticas de las corrientes revisionistas modernas del séptimo arte, apostando en su lugar por un retrato épico, lineal y sumamente idealizado del posterior héroe nacional en su etapa de juventud.
La trama principal sitúa la acción en la convulsa temporada de mil setecientos cincuenta y cinco, justo al inicio de las hostilidades de la Guerra Franco-Indígena en el agreste Territorio de Ohio. Con apenas veintitrés años de edad, un inexperto pero impetuoso George Washington asume el mando de una milicia de voluntarios británicos que debe arrebatar el control geográfico a las avanzadas militares de las tropas francesas. A pesar de que las contiendas iniciales derivan con rapidez en auténticas carnicerías humanas frente al fuego de mosquetes enemigos, el protagonista emerge de los campos de batalla mostrando una valentía física descomunal que roza lo místico, forjando su leyenda dentro de la industria cinematográfica de entretenimiento.
Un tratamiento estético que evoca la televisión de época
El peso dramático de la interpretación recae sobre el joven modelo y actor británico William Franklyn-Miller, cuya apariencia física estilizada introduce una estética contemporánea que contrasta con el rigor de las reconstrucciones históricas de la época colonial. A pesar de ofrecer una presencia visual que evoca a los ídolos de las franquicias juveniles actuales, el intérprete dota al personaje de un temperamento agresivo e impulsivo que enriquece el desarrollo de la acción dramática. Las diversas escenas retrospectivas de su infancia y la posterior relación de adiestramiento militar con sus superiores estructuran un metraje formalmente emparentado con las ficciones de época de corte televisivo clásico.
El desarrollo del libreto expone con claridad las marcadas distines conceptuales entre las estrategias de los oficiales imperiales y el naciente espíritu de supervivencia de las milicias locales. El esnobismo de los altos mandos coloniales se personifica en figuras históricas encarnadas por veteranos de la actuación de la talla de Ben Kingsley y Andy Serkis, quienes aportan la solvencia dramática necesaria en los despachos institucionales. Mientras los ejércitos tradicionales caen víctimas de tácticas de combate obsoletas debido a la enorme visibilidad de los casacas rojas británicos, las tropas autóctonas comienzan a adoptar los fundamentos de la guerra de guerrillas que definirán el futuro de la revolución americana contemporánea.
El valor de las narrativas patrióticas en la cartelera estival
A nivel formal, la obra funciona con solvencia artesanal al apelar de manera directa al sentimiento patriótico clásico que históricamente nutrió los manuales escolares de las pasadas generaciones de estudiantes occidentales. Aunque la realización técnica sea sumamente académica y carezca de la profundidad reflexiva que demandaría un público estrictamente adulto, las secuencias de acción física resultan eficaces para mantener la atención del espectador en la sala comercial. Este lanzamiento confirma la creciente rentabilidad de las propuestas orientadas a sectores tradicionales que demandan contenidos predecibles de corte familiar dentro del mercado del cine contemporáneo.
El auge de estas biografías cinematográficas simplificadas reafirma la vigencia de los mitos fundacionales en el actual ámbito de la comunicación.
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