Más ‘klotho’, más años de vida: la proteína que los laboratorios de longevidad quieren inyectar en el futuro

Más 'klotho', más años de vida: la proteína que los laboratorios de longevidad quieren inyectar en el futuro

En 1997 el médico e investigador japonés Makoto Kuro-o cometió un error en el laboratorio en el que llevaba a cabo sus experimentos. Estaba intentando crear ratones con hipertensión cuando el material genético que manipulaba se insertó en el lugar equivocado y alteró un gen desconocido. Los ratones resultantes envejecieron a una velocidad pasmosa: en tan solo dos meses tenían arteriosclerosis, osteoporosis, deterioro cognitivo y piel arrugada. Lo normal es que un ratón viva casi tres años, pero aquellos animales vivirían mucho menos.

Tras cuatro años investigando qué había salido mal, Kuro-o identificó el gen responsable y publicó su descubrimiento en Nature. Lo llamó klotho en honor a Cloto, la diosa griega que hila el hilo de la vida. Había descubierto, por accidente, uno de los supresores del envejecimiento más potentes que se conocen.

La proteína klotho existe en dos versiones. Una está anclada a la membrana de las células del riñón y el cerebro. La otra es un fragmento que se desprende de la membrana, entra en el torrente sanguíneo y viaja por todo el organismo actuando como una señal de salud sistémica. El problema es que sus niveles caen de forma constante con la edad tanto en humanos como en todos los primates que se han estudiado. Lo interesante es que no se trata en absoluto de una casualidad biológica: es un mecanismo que tiene consecuencias directas sobre nuestro envejecimiento.

Un arma muy poderosa frente al envejecimiento

El experimento más relevante hasta ahora lo publicó en 2025 un equipo internacional de investigadores del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona liderado por el profesor Miguel Chillón. Estos científicos trataron ratones con terapia génica con el propósito de que sus propias células produjeran más klotho. A los 24 meses (equivalentes a unos setenta años humanos) los resultados eran notables: los animales tratados vivieron entre un 15 y un 20% más con mejor masa muscular, mayor densidad ósea, menos fibrosis y una mejor función cognitiva.

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En el hipocampo, la zona del cerebro en la que reside la memoria, el tratamiento estimuló la generación de nuevas neuronas. Un 20% más de vida en ratones es, en biología del envejecimiento, un resultado extraordinario. Tener klotho en sangre es importante porque esta proteína actúa sobre varios de los procesos más dañinos derivados del envejecimiento. En el riñón regula cómo el organismo gestiona el fósforo. De hecho, sin klotho el fósforo se acumula y acelera el deterioro celular.

El mayor desafío consiste en encontrar la forma de trasladar todo este conocimiento a los seres humanos

Y en el resto del cuerpo reduce el estrés oxidativo, frena la inflamación crónica, activa FOXO3A (uno de los genes de la longevidad más estudiados) e inhibe la senescencia celular, que es el estado en el que las células envejecidas dejan de funcionar bien pero no mueren y envenenan lentamente el tejido que las rodea. Sea como sea, el mayor desafío consiste en encontrar la forma de trasladar todo este conocimiento a los seres humanos.

En los ratones se usaron vectores virales inyectados tanto en vena como directamente en el cerebro, una combinación que en las personas implica riesgos importantes. La alternativa es administrar la proteína directamente como un fármaco, pero encontrar un sistema que la mantenga estable y la lleve con eficacia a sus órganos diana (el riñón, el cerebro, los músculos y los huesos) sigue siendo un problema sin resolver.

Aun así, la industria biotecnológica de la longevidad ha decidido no esperar. La empresa emergente estadounidense Minicircle, en la que han invertido Sam Altman y Peter Thiel, inició en octubre de 2025 un ensayo clínico en fase 1 con 24 participantes para probar una terapia génica de klotho basada en plásmidos: fragmentos de ADN que no se integran en el cromosoma y cuyos efectos duran aproximadamente un año. Esta terapia no tiene la aprobación de la FDA (Food and Drug Administration), por lo que opera a través de clínicas internacionales.

No obstante, las aplicaciones que persigue la industria van más allá del envejecimiento en personas sanas. Klotho Neurosciences tiene programas en marcha para combatir el alzhéimer, la esclerosis lateral amiotrófica y las enfermedades cardiovasculares, con ensayos en fase I y II previstos entre 2027 y 2028. BioViva, por otro lado, ha identificado mejoras en tests cognitivos en pacientes con demencia tratados con una terapia génica combinada de klotho y telomerasa. Y la empresa Avaí Bio trabaja con células modificadas encapsuladas que sobreexpresan la proteína. Prevé tener sus primeros resultados listos para la Segunda Conferencia Anual sobre Klotho en septiembre de 2026.

Tenemos ensayos clínicos, hay capital privado moviéndose a gran escala y se celebra una conferencia anual dedicada exclusivamente a esta proteína

Todo lo que hemos visto en este artículo pinta muy bien, pero no debemos pasar por alto que los datos sólidos de extensión de la vida proceden de ratones, y la historia de la biología del envejecimiento está repleta de hallazgos espectaculares en animales que no se han trasladado al ser humano con el mismo éxito. Además, sobre la mesa quedan varias preguntas importantes sin responder: qué efectos tiene la sobreexpresión de klotho a largo plazo, si el momento de su administración importa tanto en personas como en roedores o qué ocurre con el metabolismo del fósforo y la vitamina D tras años de tratamiento.

Aun así, por primera vez tenemos ensayos clínicos, hay capital privado moviéndose a gran escala y se celebra una conferencia anual dedicada exclusivamente a esta proteína. Klotho es, en definitiva, una de las armas más prometedoras que ha puesto en nuestras manos la biología para lidiar con nuestro envejecimiento.

Imagen | Alirio García en Unsplash

Más información | Nature | UAB

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Más ‘klotho’, más años de vida: la proteína que los laboratorios de longevidad quieren inyectar en el futuro

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Laura López

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