La luna es una vieja conocida dentro de la exploración espacial humana, pero todavía hay partes pendientes de descubrir y de pisar. Tener una base espacial permanente en la luna simplificará esta exploración, pero antes la NASA tendrá que hacer check a una lista de requisitos y necesidades entre las que destaca darse una vuelta por el polo sur de la luna. Al fin y al cabo, es el lugar con más papeletas para establecerse. Pero antes de que llegue la humanidad, tendrá que hacer el trabajo sucio una flota de drones: la misión Moonfall.
Cuatro drones y un destino jamás explorado. La misión Moonfall está prevista para 2028, momento en el que cuatro drones robóticos sobrevolarán y aterrizarán en el Polo Sur de la Luna por primera vez en la historia con el objetivo de identificar zonas de aterrizaje seguras para los futuros astronautas del programa Artemis.
Cada dron pesará unos 250 kg, medirá 1,2 de alto y 2,1 de diámetro. En su interior albergan un sistema de imagen para cartografiar el terreno, un espectrómetro de neutrones para detectar agua bajo la superficie, un espectrómetro de radiación y un retroreflector láser para que el control en Tierra pueda localizarlos con precisión. Aunque operarán durante un día lunar completo (hasta 14 días terrestres), su instrumental seguirá funcionando varios meses después soportando los -130 °C de la fría noche lunar.
Por qué es importante. Porque el polo sur lunar tiene elementos que lo convierten en el lugar ideal para montar la base humana. Así, concentra cráteres que están permanentemente en sombra donde se ha confirmado la presencia de hielo de agua, la base para conseguir agua potable, oxígeno y combustible para futuras misiones. Sin esos recursos, habría que suministrarlos desde la Tierra, lo que haría que la presencia humana en la luna fuera inviable en términos de coste.
El problema es que esa zona nunca ha sido cartografiada con la suficiente precisión como para planificar aterrizajes seguros, algo que quieren cambiar los drones de Moonfall.
Contexto. Artemis tiene como objetivo devolver astronautas a la luna, algo que no pasa desde el Apollo 17 de 1972, y establecer una presencia humana estable allí. Con Artemis III en su hoja de ruta para mitad de 2027, la NASA trabaja paralelamente en otros proyectos, entre ellos este Moonfall, una misión esencial para su objetivo final: sus datos de terreno y recursos serán datos críticos para decidir dónde construir esa base.
En la actualidad la NASA estadounidense y otros 66 estados han firmado los Acuerdos Artemis, un marco de principios de alto nivel para la exploración y el desarrollo de la superficie lunar durante este siglo, pero es más una declaración de intenciones que algo vinculante. China va por libre y de hecho tiene su propio programa lunar con el Polo Sur lunar también entre ceja y ceja. En pocas palabras: el Polo Sur lunar se ha convertido en el nuevo objeto de deseo de la carrera espacial en tanto en cuanto tiene implicaciones geopolíticas de primer nivel.
En detalle. La empresa Firefly Aerospace es la elegida para construir la nave que llevará a los drones hasta allí. La compañía de Texas es una vieja conocida para la NASA: su lander Blue Ghost se convirtió en marzo de 2025 en el primer vehículo comercial en alcanzar la superficie lunar con éxito, repartiendo 10 instrumentos científicos de NASA y capturando imágenes de un eclipse solar desde la superficie.
Elytra, que así se llama la nave, emprenderá un viaje de 45 días desde la Tierra hasta la Luna, donde entrará en órbita y frenará para que los cuatro drones se apeen a una distancia de unos 50 kilómetros sobre el Polo Sur. Una vez desplegados, cada dron aterrizará de forma autónoma en zonas distintas para maximizar la cobertura sobre el territorio.

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Sí, pero. Los drones que explorarán a la luna se enfrentarán a retos enormes. Para empezar, necesitan propulsión por cohetes para elevarse, ya que en la luna no hay atmósfera y los rotores convencionales no sirven. Esto se traduce en disparar el consumo de combustible, así que están limitados en cuanto a vuelos. Además, esos cráteres sombríos son zonas inhóspitas donde no hay luz, así que los paneles solares no son una opción. Desde el punto de vista legal, los Acuerdos Artemis ofrecen un marco, pero no tienen la fuerza de un tratado internacional eventuales conflictos o terceros ajenos a este, como la propia China.
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Cuatro drones de la NASA viajarán hasta donde no ha llegado nunca un astronauta: al polo sur de la Luna
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Eva R. de Luis
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