La lista de espera para un transplante de hígado puede ser eterna, así que han creado una solución: inyectarse uno en miniatura

La lista de espera para un transplante de hígado puede ser eterna, así que han creado una solución: inyectarse uno en miniatura

La Organización Nacional de Trasplantes de España lo deja claro: el hígado es uno de los órganos más demandados en la lista de trasplantes, solo por detrás del riñón. Solo en el estado español en 2025 hubo 310 personas a la espera y eso que España es potencia mundial en trasplantes. No hay suficientes órganos donados y compatibles para llegar a tiempo para todas esas personas que lo necesitan. 

Esa brecha histórica que ningún país ha conseguido cerrar es una tragedia doble: para la persona enferma, que espera sin garantías, y para el sistema sanitario, que no puede ofrecerle otra salida. El trasplante hepático sigue siendo la única cura para ciertas afecciones, y el camino hasta él está lleno de obstáculos: la complejidad quirúrgica, los problemas de compatibilidad, la exclusión de pacientes demasiado frágiles para la cirugía o la inmunosupresión de por vida. Incluso cuando llega un órgano a tiempo, no todos pueden recibirlo. Hasta ahora, no había alternativa. Eso podría estar a punto de cambiar.

El invento. Un equipo de investigación del MIT liderado por Sangeeta Bhatia ha desarrollado «hígados satélite», una especie de minihígados capaces de asumir las funciones del hígado enfermo sin necesidad de extirparlo. Una están dentro, sus células forman una estructura estable, se conectan a los vasos sanguíneos de la persona y empiezan a producir las proteínas que el hígado dañado ya no puede fabricar. No reemplazan al órgano completo, pero lo alivian de sus funciones. En realidad son pequeños injertos de tejido hepático funcional que se administran vía una jeringa guiada por ecografía, es decir, sin cirugía: invasibilidad mínima. 

Por qué es importante. Porque aborda los dos grandes problemas para quienes necesitan un hígado: la escasez de órganos disponibles y quienes no pueden enfrentarse a una operación de trasplante. Si puedes operarte, funcionan como puente hasta que encuentren un órgano apto. Y si no puedes, estos minihígados cubren las funciones hepáticas que tu hígado no puede hacer. De esta forma, los hígados satélites aumentan el espectro de pacientes tratables.

Desde un punto de vista más general, este invento es un hito dentro de la ingeniería de tejidos hepáticos: la ciencia lleva más de una década intentando replicar las cerca de 500 funciones que realiza el hígado humano. Y de implementarse en los diferentes sistemas sanitarios su impacto es directo: según la American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD), la enfermedad hepática crónica es la duodécima causa de muerte en Estados Unidos y en aumento. 

Contexto. Aunque el hígado es un órgano con una capacidad regenerativa notable, no hace milagros: cuando supera cierto umbral de daño la regeneración no es suficiente y solo queda el trasplante. Desde los 90 la ciencia médica lleva intentando trasplantar hepatocitos aislados, pero los resultados eran pobres. Bhatia tampoco es nueva en esto: lleva más de 25 años investigando modelos de hígado bioartificial, lo que ha servido como base para entender qué condiciones necesitan los hepatocitos para mantenerse funcionales fuera del hígado. Este trabajo del MIT es precisamente la aplicación práctica de todo este conocimiento.

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Cómo funciona. El equipo de investigación desarrolló la idea de convertir estas células en un inyectable junto con microesferas de hidrogel y fibroblastos. Las esferas tienen como objetivo posibilitar esta vía de administración al garantizar la uniformidad. Los fibroblastos actúan como soporte, ayudando a los hepatocitos a sobrevivir y promoviendo el crecimiento de nuevos vasos hacia el tejido. 

Sin riego sanguíneo, esas células tendrían las horas contadas. En los experimentos del equipo hechos en ratones, los nuevos vasos se formaron al lado de los hepatocitos, lo que permitió la recepción de nutrientes y funcionaron con normalidad. En estos roedores, las células permanecieron viables y secretando proteínas durante las ocho semanas que duró el estudio.

Sí, pero. Aunque los resultados son tremendamente prometedores, se trata de un estudio preclínico hecho en ratones y el salto al ser humano es enorme. El hígado humano contiene entre 100.000 y 130.000 millones de hepatocitos y replicar una masa funcional suficiente con células inyectadas es un reto que este estudio aún no ha abordado. Incluso suponiendo que extrapolamos este hallazgo tal cual a humanos, seguiría haciendo falta usar inmunosupresores. Y no es un problema menor: que el sistema inmune ataque a pacientes debilitados aumenta el riesgo de infecciones, tumores y daño renal.

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La lista de espera para un transplante de hígado puede ser eterna, así que han creado una solución: inyectarse uno en miniatura

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Eva R. de Luis

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