Malas noticias para Blue Origin, la compañía espacial de Jeff Bezos. Y es que su cohete New Glenn explotó esta misma madrugada en una enorme bola de fuego mientras realizaba una prueba en tierra en Cabo Cañaveral, Florida. El accidente, que afortunadamente no ha dejado heridos, supone buen palo para la empresa en su carrera por competir con SpaceX, justo cuando este iba a ser su año de despegue definitivo.
Qué ha pasado. Sobre las 21:00 hora local (las 03:00 del viernes en la península española), el New Glenn estalló durante un ‘hotfire’, una prueba en la que los motores del cohete se encienden mientras el vehículo permanece anclado a la plataforma, sin despegar. El objetivo de esta prueba es comprobar el funcionamiento de los motores antes de un lanzamiento.
La propia Blue Origin habló en su cuenta de X de una «anomalía» y confirmó que todo el personal estaba localizado y a salvo. Según recoge The Guardian, la bola de fuego destruyó la plataforma y el resplandor naranja llegó a verse a más de 180 kilómetros de distancia, mientras los vecinos de localidades cercanas notaban temblores en sus casas.

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Un año que iba a ser el del despegue. El golpe es especialmente duro por el momento en que llega. Blue Origin se había marcado 2026 como el año para por fin ganar ritmo. Su CEO, Dave Limp, llegó a afirmar en una entrevista con Ars Technica que la compañía podía alcanzar los dos dígitos en lanzamientos este año, hasta igualar su ritmo de producción de 12 cohetes, e incluso plantear llegar a 24 si la fabricación seguía mejorando.
Lo de los 12 lanzamientos también lo mencionaron en su solicitud a la FAA para operar desde Cabo Cañaveral. El problema es que se trataba más de una meta ambiciosa que de una previsión realista, ya que el New Glenn ha arrancado el año sin haber vuelto a volar desde noviembre y arrastrando varios contratiempos. La explosión ha convertido ahora ese objetivo en una quimera.
La reacción de Bezos. El fundador de Blue Origin restó dramatismo al asunto, contando en X que «es demasiado pronto para conocer la causa raíz, pero ya estamos trabajando para encontrarla. Día muy duro, pero reconstruiremos lo que haya que reconstruir y volveremos a volar. Merece la pena». Elon Musk también reaccionó al evento de forma breve: «Muy lamentable. Los cohetes son difíciles».
Por qué es importante. El New Glenn es la pieza clave con la que la empresa quiere plantar cara al dominio de SpaceX, y además está llamado a jugar un papel central en el programa Artemis de la NASA, que busca devolver astronautas a la Luna. Apenas unos días antes de la explosión, la agencia había adjudicado a Blue Origin un contrato para participar en la construcción de una base lunar. El momento no ha podido ser peor.
Una racha de tropiezos. Blue Origin ha acumulado una serie de catastróficas desdichas. En su tercer vuelo, en abril, el cohete logró aterrizar su propulsor reutilizable en una barcaza en el mar, pero su etapa superior falló y no consiguió colocar en órbita el satélite que transportaba para AST SpaceMobile, que terminó cayendo y desintegrándose en la atmósfera. Aquel fallo provocó una investigación de la FAA, el regulador aéreo estadounidense, que apenas la semana pasada había dado luz verde al cohete para volver a volar.
La prueba del jueves era precisamente la preparación de su cuarta misión, en la que iba a desplegar satélites de la red Leo de Amazon, competidora directa de la Starlink de SpaceX. Amazon aclaró que ninguno de esos satélites estaba a bordo en el momento de la explosión.

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Evaluación de daños. Tanto la FAA como la NASA se pronunciaron rápidamente. El regulador señaló que la prueba quedaba fuera de las actividades que licencia y que no afectó al tráfico aéreo. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, por otra parte contaba que «los vuelos espaciales son implacables, y desarrollar una nueva capacidad de lanzamiento pesado es extraordinariamente difícil». La agencia se comprometió a apoyar una investigación a fondo y, sobre todo, a evaluar cómo afecta lo ocurrido a sus programas lunares.
Y ahora qué. Lo que ahora veremos es cómo reescribe Blue Origin su calendario. La NASA contaba con el New Glenn para lanzar este mismo año las primeras misiones de su base lunar, y la propia agencia ha reconocido que aún no saben cómo afectará este accidente a la misión con Artemis. Por otro lado, SpaceX arrastra sus propios problemas con el Starship, también en revisión por la FAA, mientras prepara una salida a bolsa histórica. El terreno está bastante candente.
Imagen de portada | NASA Space Flight
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La noticia
Blue Origin quería darle un buen mordisco a SpaceX en 2026. Una bola de fuego en Cabo Cañaveral acaba de cambiarlo
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Xataka
por
Antonio Vallejo
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