Durante años el cine necesitó grandes amenazas para mantener al público en tensión. Asesinos, explosiones, persecuciones, invasiones o monstruos gigantes dominaban los thrillers y las películas de suspense. Ahora basta algo muchísimo más simple: una persona encerrada, inmóvil o completamente sola.
Películas como La silla reflejan perfectamente ese cambio. El concepto parece mínimo, incluso absurdo sobre el papel. Pero precisamente ahí está lo interesante. El cine moderno cada vez necesita menos elementos para generar angustia. Y eso dice mucho tanto de la industria como del propio espectador actual.
Este tipo de cine ya no busca impresionar con espectáculo. Busca incomodar. Crear ansiedad. Hacer que el público sienta claustrofobia incluso viendo una escena aparentemente normal. El monstruo ya no está fuera de la habitación. Está dentro de la cabeza del personaje.
No es casualidad que cada vez aparezcan más películas centradas en espacios mínimos o situaciones extremadamente cotidianas. Ahí están Buried (Enterrado), Locke, La habitación o La ballena. Historias donde prácticamente “no pasa nada” y, aun así, el espectador vive en tensión constante.
También influye mucho el mundo en el que vivimos. Ansiedad, aislamiento, teletrabajo, pisos pequeños, hiperconexión y sensación permanente de agotamiento mental forman parte del día a día de millones de personas. El cine terminó absorbiendo esa realidad. Antes las películas servían muchas veces para escapar del mundo real. Ahora muchas parecen diseñadas para encerrarnos todavía más dentro de él.
Y quizás por eso este tipo de thrillers funcionan tan bien actualmente. El público moderno ya no teme tanto a los grandes villanos ficticios. Lo que realmente reconoce es algo mucho más cercano: la incomodidad, el agobio y la sensación de no poder escapar de su propia cabeza. Porque quizás el cine moderno ya entendió algo inquietante: el monstruo más peligroso ya no está fuera de la pantalla, sino dentro de nuestra propia cabeza.
Fm Golfo Azul Villa Pehuenia


