La masificación del Fuji ha abierto el debate de los debates en Japón: qué hacer con los turistas imprudentes que necesitan rescates

La masificación del Fuji ha abierto el debate de los debates en Japón: qué hacer con los turistas imprudentes que necesitan rescates

El Monte Fuji es uno de los grandes iconos de Japón (quizás el mayor y desde luego uno de los más emblemático), pero para no pocos senderistas acaba convirtiéndose en algo bien distinto: una trampa. Aunque cada año recorren sus cuatro senderos más de 200.000 personas, de vez cuando la montaña dobla el pulso a los excursionistas menos habituados a lidiar con el mal de altura, los cambios de temperaturas, las largas caminatas sobre depósitos de ceniza volcánica o sencillamente a aquellos que se lanzan a por sus 3.776 metros sin el entrenamiento o el equipo técnico adecuados.

Cuando eso ocurre y las cosas se ponen serias en la montaña, a los equipos de rescate no les queda otra que salir en ayuda de los senderistas, en ocasiones jugándose la vida.

Un icono con letra pequeña. Que el Monte Fuji tiene un magnetismo único y atrae cada año a decenas de miles de turistas de todo el mundo es algo innegable. Japón calcula que cada temporada lo visitan más de 200.000 personas, cifra que algunas fuentes elevan por encima de los 300.000.

Eso no quiere decir que ascender la montaña sea exactamente un paseo por el campo. Sobre todo para aquellos impacientes que deciden adentrarse en alguno de sus cuatro senderos (Fujinomiya, Gotemba, Subashiri y Yoshida) fuera de la temporada autorizada, que suele ir de julio a septiembre.

Max Bender Fuxyvi Hcwq Unsplash

«Se considera peligroso». Quienes quieran completar el ascenso entre la mitad de la montaña y la cumbre del Fuji de forma tranquila, segura y sin saltarse las normas deben respetar ese calendario y planificar sus excursiones con antelación. Antes de julio o pasado septiembre, las cosas se complican. Y no solo porque lo digan las autoridades.

Muchos de los refugios cierran, el clima empeora y el recorrido puede volverse peligroso en ciertos tramos. De ahí por ejemplo que la embajada de Estados Unidos en Japón insista a sus ciudadanos sobre los riesgos de subir la montaña fuera de temporada. «Se considera peligroso. Cada año varios escaladores, entre ellos estadounidenses, pierden la vida al intentar ascender al monte Fuji».

¿Tan problemático es? Llega una búsqueda rápida en Google para comprobar que (lamentablemente) los servicios de emergencias deben movilizarse con cierta frecuencia para rescatar a excursionistas imprudentes o mal preparados.

Uno de los últimos casos ocurrió el 3 de mayo, cuando un senderista chino resbaló y se despeñó, por lo que hubo que evacuarlo a un hospital. Si nos remontamos más atrás, encontramos una noticia similar a comienzos de marzo, cuando las autoridades tuvieron que desplazar un equipo a la cara sureste del Fuji para salvar a una mujer sueca de 23 años y un neozelandés de 41. Ambos sufrieron heridas graves.

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Dos rescates en una semana. El caso más flagrante y mediático se registró sin embargo en 2025, cuando hubo que rescatar dos veces en una semana a un escalador chino. En general se calcula que a lo largo de 2024 se realizaron alrededor de 70 operaciones de búsqueda y rescate en la montaña con un saldo de diez fallecidos, parte de ellos fuera de temporada. No es una cifra alarmante si se tiene en cuenta que cada año visitan la montaña cientos de miles de personas, pero tampoco es precisamente buena. Sobre todo porque la temporada alta dura unos meses.

«Resulta indignante». La frecuencia de los rescates (sobre todo durante los meses en los que los senderos están cerrados al público) es lo suficientemente alta como para que el alcalde de una de las localidades situadas a los pies de la montaña, Fujinomiya, haya puesto el grito en el cielo.

Hace unos días Hidetada Sudo convocó a la prensa para insistir en la gravedad del tema. «No se está asumiendo la responsabilidad personal. Es una barbaridad pensar que, si se sufre un accidente, simplemente se recibirá ayuda», lamenta el regidor antes de insistir en otra idea: a menudo la imprudencia de los senderistas acaba poniendo en peligro a los técnicos que deben acudir al Fuji para auxiliarlos.

«No es una broma». «Si se produjera un segundo accidente, las familias y los superiores de los miembros del equipo no podrían soportarlo. Se convertiría en ira. No es ninguna broma», recalca Sudo. Sus quejas llegan tras la operación del 3 de mayo y de que circulara un vídeo que muestra las duras condiciones en las que trabajan los rescatistas.

Lo cierto es que no es la primera vez que las autoridades locales tocan el tema. El año pasado el alcalde de Fujiyoshida también abrió el debate sobre qué hacer con las operaciones de rescate en el Fuji durante la temporada baja, cuando los excursionistas actúan de forma imprudente.

¿Cuál es la solución? La pregunta del millón. Japón ya ha empezado a cobrar a los senderistas que suben al Fuji para combatir la suciedad que genera su masificación. Las prefecturas de Shizuoka y Yamanashi incluso hablaban el año pasado de obligar a los visitantes a reservar plaza por adelantado para evitar colapsos. Hay quien plantea ir más allá, sobre todo cuando las cosas se complican en la montaña porque los senderistas no actúan de forma responsable.

En 2025 el alcalde de Fujishoida propuso que las personas rescatadas deban asumir el coste de sus evacuaciones. Una idea similar se ha planteado también desde Fujinomiya, cuyo alcalde lamenta que «la idea de que no se tenga que asumir ningún coste al ser rescatado resulta simplista e injusta», o incluso desde el gobierno de la prefectura de Shizuoka.

Como quien pide un taxi. «Los rescatistas arriesgan sus vidas en los rescates de montaña. Ha habido casos en los que la gente ha solicitado rescates a través de sus móviles como si estuvieran pidiendo un taxi», lamentaba el año pasado el regidor de Fujiyoshida antes de recordar que el uso de un helicóptero de rescate puede costar entre 400.000 y 500.000 yenes por hora, de 2.000 a 2.700 euros.

No es la única solución sobre la mesa. Esa misma región dispone de una app en la que ya acepta preinscripciones para acceder a la montaña, una herramienta que informa de las normas de escalada y abonar una tasa de acceso. El objetivo es que permita también consultar la ubicación e indique a los usuarios cuanto tardarán en llegar a los refugios.

Imágenes | Baris Sari (Unsplash) y Ryan Latta (Flickr)

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Carlos Prego

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