Los Pirineos se están mediterranizando a marchas forzadas: hay 3 días de helada menos y 5 más de verano cada década

Los Pirineos se están mediterranizando a marchas forzadas: hay 3 días de helada menos y 5 más de verano cada década

Las montañas son uno de los primeros termómetros del planeta: responden antes, lo hacen intensamente y de forma más visible que cualquier otro ecosistema terrestre frente al calentamiento global. Lo que empieza ocurriendo en sus cumbres anticipa lo que llegará después al resto. Los Pirineos no son una excepción, de hecho funcionan como un enorme laboratorio natural, uno de los más documentados en Europa. Y los datos que arrojan son de todo menos buenos. 

El Boletín de Indicadores de Cambio Climático de los Pirineos elaborado anualmente por Meteocat y coordinado por el Observatorio Pirenaico de Cambio Climático (OPCC) lo confirma: el calentamiento de la cordillera no es algo puntual, sino estructural. 

Qué está pasando en los Pirineos. Que se están calentando de forma asimétrica y acelerada, con los veranos disparándose a un ritmo que duplica al resto del año, lo que tiene consecuencias directas y diferentes en el ecosistema. Jordi Cunillera, responsable del equipo de cambio climático de Meteocat, va todavía más al detalle: en la vertiente sur la tendencia es además más seca, añadiendo una presión hídrica adicional sobre los ecosistemas meridionales.

En datos. La lista de indicadores y los 65 años de monitorización devuelven tendencias claras y preocupantes. 

Desde 1959 hasta 2024:

  • Aumento de la temperatura media anual de 1,9 °C.
  • Por estaciones: mientras que en invierno el aumento ha sido de 1,4 °C, en verano ha sido casi el doble (+ 2,7 °C)
  • Aumento constante de las noches tropicales.
  • Hay 20 días menos de helada y 32 días más de verano al año. 

Cada década:

  • Hay 3 días menos de helada con inviernos más fríos
  • Hay 4,9 días más de verano  (temperatura superior a 25 ºC).
  • La temperatura aumenta +0,30 ºC.

Por qué es importante. Primero por la solidez de la investigación: no mide variabilidad puntual, sino la transformación estructural y acumulada del clima pirenaico durante 65 años. Los Pirineos son una isla climática para especies alpinas que no tienen capacidad para migrar más al norte o a más altura, una auténtica joya en flora y fauna con endemismos particularmente sensibles y vulnerables a cambios de temperatura. Gracias a su orografía accidentada ha podido preservar ciertos espacios de la actividad humana directa (desde turística a agropecuaria), pero no puede escapar de este efecto indirecto. 

Por otro lado los Pirineos también son un grifo para el sur de Europa: la nieve y el hielo acumulados alimentan durante el estiaje a ríos como el Ebro, el Segre o el Garona, de cuyo caudal dependen millones de personas, hectáreas de regadío y ecosistemas fluviales. Es cierto que las precipitaciones se mantienen estables, pero si hace más calor el estrés hídrico aumenta: la evapotranspiración se dispara, el suelo pierde humedad más rápido y los ecosistemas terrestres entran en situación de déficit hídrico estival progresivo. El sistema empeora su resiliencia frente a perturbaciones, como por ejemplo incendios.

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Contexto. El estudio se enmarca en la labor de la Comunidad de Trabajo de los Pirineos, que a través del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático busca unificar los datos de los estados español, francés y andorrano mediante el proyecto LIFE Pyrenees4Clima. Este esfuerzo de cooperación internacional es esencial en tanto en cuanto los ecosistemas no entienden de fronteras políticas y el cambio climático requiere de acciones conjuntas. Además de la monitorización climática, su objetivo es implementar la Estrategia Pirenaica del Cambio Climático, la primera iniciativa europea de este tipo diseñada específicamente para una bioregión de montaña transfronteriza.

El proyecto ha establecido 16 recomendaciones clave, entre ellas un «Protocolo Pirenaico de Emergencias Forestales» para compartir cartografía, datos meteorológicos y comunicación de crisis. El informe destaca que las diferencias en normativa entre los tres estados ralentizan la respuesta, por lo que instan a la interoperabilidad de medios físicos y mejorar los protocolos para ser más resilientes frente al cambio climático. 

Cómo lo miden. La robustez científica de estos resultados se basa en el análisis de 12 series de temperatura y 26 series de precipitación de alta calidad, distribuidas estratégicamente por toda la cordillera. Los diferentes equipos de investigación utilizan el periodo 1961-1990 como referencia histórica para calcular las anomalías y asegurar que las tendencias observadas son estadísticamente significativas. 

El equipo de trabajo está liderado por el Meteocat y cuenta con la colaboración de organismos afectados como AEMET, Météo-France, el Servicio Meteorológico de Andorra, IPE-CSIC o Euskalmet para un visionado completo y unificado. Entre los indicadores estudiados está la temperatura media anual, variación estacional, días de helada, días de verano, noches tropicales, rachas cálidas y frías o el estrés hídrico. Estos indicadores responden a definiciones estandarizadas internacionalmente por la Organización Meteorológica Mundial, lo que permite comparar con otros estudios de alta montaña europeos. 

El impacto en el ecosistema. Uno de los efectos más graves es la anoxia en los lagos de montaña: al calentarse el agua superficial y reducirse el hielo invernal, se rompe el ciclo natural de mezcla del agua, dejando el fondo sin oxígeno. Este fenómeno pone en riesgo la supervivencia de invertebrados y microorganismos que, la base de la cadena trófica en estos ecosistemas acuáticos sensibles, algo que por ejemplo está pasando en el Ibón de Marboré, en el Pirineo aragonés. Los glaciares pirenaicos han perdido el 96% de su superficie glaciar desde el siglo XV y el futuro pinta aún más negro: el 4% se habrá extinguido para 2050. 

Por otro lado, el calor más intenso está provocando que la nieve se funda antes por la llegada de intrusiones de polvo sahariano asociadas a masas de aire cálido procedentes de África: cuando sobre la superficie de la nieve se depositan partículas de polvo, esta absorbe más energía en lugar de reflejarla, acelerando así su fusión, como explica Meteored. Además de un indicador climático, que desaparezca la criosfera pirenaica supone la destrucción irreversible de un hábitat y de una función hidrológica sobre la que descansa toda la cadena de ecosistemas, desde lagos de alta montaña hasta humedales que hay muchos kilómetros más adelante. 

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Portada | jolumurcia y Myrabella 


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Los Pirineos se están mediterranizando a marchas forzadas: hay 3 días de helada menos y 5 más de verano cada década

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Eva R. de Luis

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