España no espera a Francia: estudia un enorme cable submarino con la lejana Irlanda para dejar de ser una isla energética

España no espera a Francia: estudia un enorme cable submarino con la lejana Irlanda para dejar de ser una isla energética

Puede que España se haya erigido como uno de los estados de la UE que más y mejor hayan entendido y adoptado la transición energética hacia las renovables, pero hay una realidad geográfica incuestionable: la península Ibérica es una isla energética que tiene un problema llamado Francia. 

Un cuello de botella que impide que España exporte su enorme excedente de energía solar, así que la Comisión Europea quiere corregirlo con ambiciosos objetivos de conexión para 2030. ¿Cómo? Mirando al mar que rodea la península en busca de socios «que les echen un cable» para solucionar esta limitación: a través del Mediterráneo con dos gigantescos conexiones hacia Italia y también hacia el Atlántico, con un cable entre España e Irlanda. 

El futuro cable entre España e Irlanda. El trazado previsto uniría la costa norte de España, concretamente Asturias, con la costa sur de Irlanda, con una longitud estimada de entre 1.000 y 1.100 kilómetros, como recoge El Periódico de la energía. Aunque no hay un trazado definido aún, la infraestructura deberá sortear profundidades considerables en el Golfo de Vizcaya y el Mar Céltico. 

Vaya por delante que el acuerdo firmado entre España e Irlanda es un Memorando de Entendimiento para estudiar la viabilidad de un cable submarino de electricidad en el marco del congreso WindEurope 2026 celebrado en Madrid firmado por la vicepresidenta española Sara Aagesen y el ministro irlandés Darragh O’Brien.

Por qué es importante. Porque tanto España como Irlanda comparten problema estructural: son de los mercados eléctricos menos interconectados de Europa y están catalogados como «islas energéticas» por la UE, lo que limita su capacidad de exportar excedentes renovables y de reforzar su seguridad de suministro (friendly reminder: el apagón). Desde el punto de vista de la seguridad energética, más interconexión significa menor dependencia de combustibles fósiles importados y más resiliencia ante episodios de escasez. Este cable diversificaría las rutas españolas de exportación, un objetivo prioritario detallado en la Planificación Eléctrica de REE.

La lógica energética del proyecto descansa en la complementariedad de recursos renovables: España exportaría excedentes de la solar e Irlanda aportaría electricidad generada en sus parques eólicos marinos. Ambas tecnologías tienen perfiles de generación desacoplados en el tiempo, de modo que el intercambio es técnicamente valioso para estabilizar ambas redes eléctricas: cuando el sol brilla en España, esta puede alimentar Dublín, cuando las borrascas atlánticas barren el norte, sus aerogeneradores pueden sostener la industria española. 

Dos gigantescos cables submarinos entre España e Italia, entre los grandes proyectos de interconexión eléctrica europeos

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Contexto. España cuenta actualmente con apenas 3.000 MW de capacidad de interconexión, lo que supone un ratio del 2%, según datos de REE, sobre su mix instalado de aproximadamente 150 GW. Es decir, incumple el objetivo mínimo del 10% fijado por la UE para 2020 y tiene que obrar un milagro para alcanzar el 15% previsto para 2030. Ese déficit crónico limita la capacidad del sistema español de exportar los crecientes excedentes de la eólica y la solar.

El proyecto surge en un momento de máxima urgencia por la independencia energética tras la crisis del gas. Los conflictos bélicos recientes han llevado a la UE a acelerar la tramitación de grandes interconexiones eléctricas entre mercados europeos como herramienta de seguridad energética colectiva en busca del autoabastecimiento con recursos propios. Iniciativas como el plan REPowerEU tienen estas interconexiones transfronterizas como una de las palancas con prioridad absoluta.

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Mapa de proyectos de transmisión y almacenamiento. ENTSO-E

Principales conexiones de España. Un breve resumen de las escasísimas conexiones eléctricas del estado español con otros estados de la UE:

  • Existentes: España–Francia (interconexión terrestre pirenaica), con una capacidad actual de aproximadamente 3.000 MW a través de los Pirineos y España – Portugal, mediante diversas líneas de alta tensión terrestres bidireccionales que integran el mercado ibérico.
  • En construcción o aprobadas: el cable submarino del Golfo de Bizkaia entre España y Francia, previsto para entrar en servicio en 2028, añadirá 2.000 MW de capacidad adicional con Francia. El cable Fontefría, entre Portugal y Galicia, aportará unos 1.000 MW de intercambio.
  • Proyectadas (en estudio o fase preliminar): Apollo Link entre España e Italia, de 2000 MW y con entrada en servicio en 2032. Iberia Link entre España e Italia de 1.200 MW. Conexión transpirenaica terrestre por Navarra y Aragón, bloqueada por el gobierno francés.

Cómo lo van a hacer. Técnicamente, el proyecto se ejecutaría mediante un cable de corriente continua de alta tensión (HVDC, por sus siglas en inglés), la tecnología estándar para interconexiones submarinas de larga distancia, por su menor pérdida de energía en el transporte respecto a la corriente alterna. Existen precedentes directos y operativos de similar escala, como el reciente Celtic Interconnector entre Irlanda y Francia. 

Tras firmar el Memorando de Entendimiento para estudiar la viabilidad de un cable submarino de electricidad que una ambos estados, el proyecto deberá ser evaluado técnica y económicamente de forma conjunta por Red Eléctrica y EirGrid, los operadores de ambos estados. Después, lo presentarán a las autoridades europeas para su posible inclusión en la lista de Proyectos de Interés Común (PCI), lo que le daría acceso a financiación europea y a procedimientos administrativos acelerados. ENTSO-E, la asociación de operadores de red europeos, publica cada dos años el Ten-Year Network Development Plan, el marco técnico de referencia para priorizar y evaluar este tipo de proyectos.

Sí, pero. El proyecto se encuentra en su fase más temprana, lo que implica que tiene todo por delante y un cable submarino es una infraestructura de envergadura técnica y económica. Un cable de más de 1.000 kilómetros de longitud implica una inversión estimada que superaría los 2.000-3.000 millones de euros, un plazo de construcción de varios años una vez aprobado y desafíos logísticos en aguas del Atlántico Norte. Además, el trazado por Asturias exigiría reforzar las redes de transporte interiores para cruzar la Cordillera Cantábrica para conectar con los grandes centros de generación solar del interior peninsular.

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España no espera a Francia: estudia un enorme cable submarino con la lejana Irlanda para dejar de ser una isla energética

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Eva R. de Luis

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