En China están genuinamente orgullosos de lo que están logrando con su industria automóvil. Más allá de su mercado doméstico llevamos años viviendo cómo están transformando el sector con sus coches de nueva energía. Tanto es así, que sus fábricas hasta se han convertido en un popular destino de excursiones escolares. Y es que tal y como comparten desde Baiguan, cada vez es más común para las familias madrugar, coger el coche y conducir decenas de kilómetros hasta una de sus plantas de fabricación. El fenómeno ha convertido las fábricas de Xiaomi, NIO o Xpeng en destinos aspiracionales, con largas listas de espera y hasta gente que revende su plaza como si de un concierto se tratase.
Ansiedad educativa con nombre propio. En China existe un término popular para describir la cultura de cómo la clase media cría a sus hijos: ‘jī wá’, que se podría traducir libremente como «inflar al niño». Esta palabra resume la presión colectiva que sienten muchos padres para convertir cada hora libre en una experiencia útil, estimulante y, a ser posible, con certificado al final. Campamentos, clases de piano, tutorías privadas… y, desde hace unos pocos años, visitas a cadenas de montaje de coches eléctricos.
Tal y como revela un reportaje de Yan Caijing firmado por Mo Nai, esta tendencia ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en un fenómeno de masas que combina educación, marketing y algo de teatro social.

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La nueva excursión escolar de moda. Xiaomi fue la primera en entenderlo a escala. Desde que su fundador Lei Jun anunció en enero de 2024 que la planta de Yizhuang, en Pekín, abriría sus puertas al público mediante sorteo, la demanda no ha parado de crecer. Tal y como cuenta el medio, en un momento dado, la tasa de aceptación cayó hasta el 0,4% por sesión, con apenas 20 plazas disponibles frente a miles de solicitudes.
La reventa de plazas no tardó en aparecer: según cuenta el medio, en plataformas de segunda mano llegaron a pedirse hasta 1.000 yuanes por una plaza gratuita (unos 124,62 euros al cambio), sin descuentos ni negociación. Según los datos publicados, solo en 2025 la fábrica de Yizhuang recibió 130.000 visitantes. NIO y Xpeng también han abierto sus instalaciones, con dinámicas similares. Y marcas internacionales como BMW o Volkswagen se han sumado a la tendencia desde sus plantas en China.
Qué ve la familia cuando entra. El recorrido estándar sigue un guion bastante establecido: sala de exposición con los modelos más recientes, paseo por la línea de producción, prueba de conducción y alguna actividad manual, como montar una maqueta en miniatura o construir un pequeño souvenir. Algunas fábricas abren incluso su restaurante para que los visitantes coman allí. De hecho, el detalle de comer allí es una experiencia que comúnmente se puede ver en las redes sociales del país.
Marketing. A pesar de que pueda parecer un gesto de transparencia o de responsabilidad social por parte de las marcas, hay una inteligentísima maniobra de marketing detrás, ya que es una experiencia que les cuesta muy poco y que acaban obteniendo bastante repercusión por ello. Que haya llegado a nuestros oídos y que hayamos escrito sobre ello es la mayor prueba de ello. Además, ver un coche ensamblado pieza a pieza en directo genera una conexión emocional que ningún anuncio en televisión puede igualar.
Según compartían desde Baiguan, algunos usuarios en redes sociales reconocían que la visita a la fábrica influyó directamente en su decisión de compra. Otros padres comentaban que esperan que sus hijos acaben trabajando en ese tipo de empresas. La visita no solo puede acabar vendiendo un coche: siembra una identidad de marca que puede tardar décadas en madurar.

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Tampoco es nuevo eso de que se hagan visitas a fábricas de coches. Muchos españoles han visitado la de SEAT en Martorell, por poner un ejemplo que nos pilla más de cerca. De hecho, tal y como recuerda el medio, fue Citroën quien, tras la Primera Guerra Mundial, abrió por primera vez las puertas de su fábrica al público en Francia, convirtiendo la cadena de montaje en un espectáculo para los más curiosos. Su fundador André Citroën entendió antes que nadie que mostrar cómo se hacen las cosas es, en sí mismo, un acto de seducción comercial. Lo que han hecho Xiaomi o NIO ahora es, en esencia, la misma idea aplicada con datos, algoritmos de sorteo y viralidad en redes sociales.
Y el Estado también juega. El fenómeno tiene además una dimensión política. Y es que tal y como comparten en el medio, el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información chino ha impulsado la creación de rutas de turismo industrial que integran fábricas inteligentes y patrimonio industrial en los circuitos turísticos del país. En términos globales, el turismo industrial representa entre el 10 y el 15% de los ingresos turísticos totales; en China, según las cifras del sector, todavía está por debajo del 5%. Las fábricas de coches eléctricos, con su estética reluciente y sus brazos robóticos, son el escaparate perfecto para una narrativa de modernidad tecnológica que al gobierno le interesa tanto como a las propias marcas.
Imagen de portada | Xiaomi y Xinhua
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La noticia
Las fábricas de coches chinas son las nuevas excursiones escolares: Xiaomi, NIO y Xpeng reciben familias como si fueran museos
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Antonio Vallejo
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