Japón es un país extremadamente peculiar. Lo es por muchos motivos a ojos de un europeo. Uno de ellos es la mezcla de humildad en el trabajo y la entrega absoluta a la empresa para alcanzar un objetivo común que se materializan en diseñar y producir los mejores productos posibles.
El contraste es más complicado de entender si cabe en la industria del automóvil. Toyota está considerada la madre de lo que hoy conocemos como «toyotismo». Una fórmula para trabajar en cadena con un stock limitadísimo. Es decir, sin una red de seguridad que permita manejar los imprevistos con un almacén lo suficientemente amplio que respalde la producción hasta solventar el problema.
Esto se consigue, por supuesto, construyendo una cadena que está engrasada con la precisión de un reloj suizo. Pero también con la seguridad de que lo que sale al mercado es la mejor versión de lo que cada trabajador tiene entre manos. Toyota revolucionó la producción de automóviles en cadena dotando a los propios trabajadores el poder de parar la producción si se detectaba cualquier fallo.
Es una forma de trabajar que sólo se puede llevar a cabo cuando a la hora de desarrollar las piezas y el diseño de todo un coche se trabaja con la firmeza de la filosofía Kaizen. Esta palabra japonesa define la búsqueda de la perfección a través de la mejora continua. Eso permite que cada pieza modificada en el proceso de producir un nuevo coche cuente con el respaldo de años de experiencia detrás.

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Esta forma de trabajar ha sido una ventaja competitiva hasta ahora que ha convertido a Toyota en el mayor fabricante de coches del mundo. La compañía fue, en 2025, el mayor productor mundial de automóviles, con más de 11 millones de unidades fabricadas. Volkswagen es segunda y se quedó en 9 millones de unidades fabricadas.
Es el resultado de una producción medida al milímetro y una fiabilidad ganada a pulso. Esa filosofía kaizen de la que Mazda o Toyota presumen le ha permitido a esta última situarse siempre en lo más alto de los ranking de fiabilidad, un valor a la hora de poner millones y millones de unidades en el mercado.
Pero esa forma de trabajar tiene sus inconvenientes cuando hay que tomar decisiones ágiles.

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China es el tren a seguir
«Si no cambian las cosas, no sobreviviremos». La frase es de Koij Sato, CEO de Toyota, y tiene especial relevancia porque, como señalábamos, viene del máximo responsable de la marca líder en el mundo. El mensaje se lo lanzó a 489 proveedores con el objetivo de hacerles entender la importancia de mejorar la competitividad frente a las compañías chinas, recogen en Automotive News.
Según recoge Autoblog, los estándares de calidad de Toyota han sido tan estrictos que se han estado devolviendo piezas con pequeñas arrugas de resina que no tenían ningún impacto en la dinámica o fiabilidad de un vehículo. Lo mismo estaba sucediendo con miles de arneses de cables que se habrían devuelto porque presentaban signos menores de decoloración. Pequeños defectos estéticos que ni si quiera los compradores percibían porque vienen escondidos dentro del propio vehículo.
Ahora Sato ha pedido a sus proveedores que sean más flexibles para ahorrar dinero en la producción y poder ser más ágiles. El mensaje lanzado por el CEO de la compañía no es casual. Hace meses, una consultora especializada en ingeniería inversa ya alertaba a Toyota de que sus coches eléctricos estaban pensados como vehículos de combustión y eso les penalizaba a la hora de producirlos.
El problema es que, según esta compañía, producir un coche eléctrico es tan diferente a uno de combustión que casi equivale a dos productos distintos aunque ambos lleven cuatro ruedas y un volante. Señalaban, por ejemplo, que Toyota empleaba barras y refuerzos de acero en la columna de la dirección o para sujetar el salpicadero, pensando en reducir las vibraciones. Sin embargo, los fabricantes chinos y Tesla optan por un mayor uso de plásticos porque esas vibraciones son casi inexistentes en un coche eléctrico. Eso les permite producir más barato y rápido. Y conseguir coches más ligeros.

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«El cliente medio ni siquiera ve estas piezas», explicaba Shoji Nishihara, gerente de compras del departamento de desarrollo de vehículos de Toyota, en declaraciones recogidas por Forococheseléctricos.
El objetivo final es complicado. La compañía aspira a mejorar la competitividad reduciendo los tiempos productivos y flexibilizando la calidad final de sus productos. Un complicado equilibrio si se quiere seguir siendo la referencia en términos de fiabilidad. De momento, Toyota cree que su perfeccionismo ya estaba rozando lo saludable.
Foto | Toyota
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“Si las cosas no cambian, no sobreviviremos”: el CEO Toyota cree que su perfeccionismo extremo es un problema
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Alberto de la Torre
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