En un testimonio de «absoluta honestidad», Barry Keoghan ha revelado que el odio constante sobre su apariencia se ha vuelto insoportable. «Me ha hecho encerrarme en mí mismo, no querer ir a sitios, no querer salir», explicó el actor irlandés. Lo que comenzó como críticas aisladas ha escalado hasta generar una ansiedad que amenaza su carrera: «Cuando ya no quieres ni estar en pantalla, es un problema real».
El miedo al futuro y el impacto familiar
A Keoghan no solo le preocupa su bienestar, sino el rastro digital que encontrará su hijo pequeño, Brando, cuando crezca. Aunque intenta mantenerse al margen de las plataformas, admite que tras los estrenos la curiosidad le lleva a conectarse, encontrando reacciones que califica de «nada agradables». Esta situación le ha llevado a una reclusión forzosa de la vida social para protegerse del «odio puro» de internet.
Un debate necesario sobre el ‘body shaming’
El caso de Keoghan reabre el debate sobre la toxicidad en las redes y la deshumanización de las figuras públicas. «No tengo que esconderme porque ya me estoy escondiendo», confesó con amargura la estrella. Mientras sus seguidores lamentan su ausencia en eventos, la industria señala la urgencia de proteger a los artistas frente a campañas de odio que pueden truncar carreras brillantes.
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