«Fue como descender a otro planeta»: la expedición a la fosa del Atacama, a 8.000 metros de profundidad

Al igual que la inmensa mayoría de los astrónomos que se dedican a sondear el universo, los científicos Osvaldo Ulloa y Rubén Escribano estaban resignados a que sus investigaciones se basasen fundamentalmente en imágenes y mediciones recabadas a distancia, sin llegar nunca a “tocar” el objeto de sus estudios. Ellos no se dedican a analizar la Luna, ni Marte, ni ninguno de los gigantes gaseosos de la galaxia. Su interés se centra en algo mucho más cercano, pero igual de inalcanzable en la práctica: las profundidades más recónditas de los océanos.


Ulloa y Escribano llevan tiempo volcados en conocer mejor la fosa de Atacama, una gigantesca trinchera marina situada en el Océano Pacífico, frente a las costas de Chile y Perú, de unos 5.900 kilómetros de extensión y más de 8.000 metros de profundidad, suficientes como para que la sola idea de que pudieran descender hasta su fondo sonase casi a ciencia ficción.

Hasta ahora, claro.

Una expedición pionera

Los dos investigadores chilenos, que ejercen los cargos de director y subdirector, respectivamente, del Instituto Milenio de Oceanografía (IMO) en la Universidad de Concepción, acaban de convertirse en los primeros científicos en descender hasta el fondo de la fosa. La gesta la lograron gracias a Víctor Vescoso, un explorador de EE. UU. que los ha acompañado en su sumergible DVS Limiting Factor, una pequeña nave dotada con un casco de presión de titanio de 90 mm de espesor, una batería de 65kWh y que permite una amplia visión frontal y a través de la base.

Las características de la nave —bautizada en un guiño a las novelas de ficción de Ian Banks— le permiten adentrarse en la zona hadal de los océanos, las regiones oceánicas más profundas de las fosas, situadas bajo la zona abisal, a más de 6.000 metros. La expedición, de hecho, que cuenta con el respaldo del Ministerio de Ciencia chileno, se bautizó como «Atacama Hadal».

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Hace un par de años, en 2018, Ulloa y Escribano ya se habían asomado a la fosa durante la Expedición Atacamex, aunque de una forma bastante distinta y mucho más convencional: usaron un submarino no tripulado que les permitió tomar fotos, vídeos, muestras de agua y ADN, además de mapear parte de la topografía de la gigantesca depresión. Lo que ahora han hecho, sin embargo, poco tiene que ver con aquella experiencia, fascinante, sí; pero vivida a distancia.

Ulloa y Escribano protagonizaron dos viajes que duraron en total diez horas y requirieron de una preparación especial: la víspera tuvieron que deshidratarse, enfundarse ropa de abrigo y preparar provisiones. El primero en descender fue Ulloa, que, acompañado por Vescovo, tardó tres horas y medio en alcanzar el punto más profundo de la fosa, a 8.069 metros de profundidad. El descenso, explica, lo pasó charlando con el explorador estadounidense sobre su familia y el estudio de las profundidades y escuchando música de Manuel García y el grupo The Eagles.

Ya en el fondo, Vescovo se puso a los mandos del submarino y recorrió un terreno surcado de valles y formaciones rocosas que aportan una información valiosa sobre la geología de la fosa.

«Verlo con mis ojos fue algo extraordinario»

“Nos llamó la atención la gran cantidad de holoturias, una especie de pepino marino que se ha hallado en otras fosas, pero que aquí estaban presentes con una gran abundancia”, explicó Ulloa a la BBC: “Pero si hay algo que yo, como microbiólogo, quería en esta expedición era encontrar tapices de colonias de microbios. Y por eso, verlos con mis propios ojos fue algo extraordinario, la confirmación por primera vez de su existencia en la fosa de Atacama y a más de 8.000 metros”.

Vescovo también dejó en Twitter algunas impresiones sobre lo que se encontraron durante la exploración de la fosa, por debajo incluso de las profundidades abisales. En su cuenta destaca, por ejemplo, la «extraordinaria vida marina observada», con abundancia de holoturias, paredes rocosas que muestran quimiosíntesis y «los zarcillos bacterianos más grandes que he visto«. El explorador destaca que se han convertido en los primeros humanos en alcanzar el fondo de Atacama.

En su cuenta muestra también un vídeo en el que se aprecia la vida a miles de metro de profundidad. «Este video muestra un «potrero» de holoturias (pepinos de mar) pastando en el fondo de la Fosa de Atacama, cerca de los 8.060 metros. Esta es la colección más densa de holoturias que he visto en una Fosa Hadal, y muestra el gran volumen de vida en este ecosistema oceánico profundo».

A Escribano el turno le llegó dos días después, aunque en su caso, dado que estaba interesado en la fauna, el descenso fue algo más corto: hasta alcanzar los 7.330 metros. Durante su misión se centró en la exploración del talud oriental en busca de organismos. Y los localizó, desde luego. El Limiting Factor le permitió identificar corales de agua fría, una estrella de mar, gusanos poliquetos, crustáceos anfípodos y otras criaturas hadales que detectó en mayor número que en otras fosas.

La experiencia para él —explicó al regresar al buque— fue similar a una exploración espacial, como si visitase una galaxia lejana y recorriese paisajes alienígenas. “Fue algo mágico; como descender sobre otro planeta y ver estructuras construidas por estos seres. Imaginé que eran ciudades pequeñitas hechas por los gusanos y crustáceos que hacen camino en el sedimento”.

Además de aportar una información valiosa y marcar un hito en la exploración de las fosas, la expedición «Atacama Hadal» tendrá además importantes aplicaciones prácticas.

Su labor ha permitido trazar mapas de alta resolución de varios trechos de la fosa, una información valiosa que ayudará a decidir dónde instalar los sensores de otro proyecto que aspira a fijar el primer sistema de observaciones anclado en el océano profundo. Entre otras cosas, sus datos ayudarían a entender mejor los efectos del cambio climático o el origen de los terremotos y tsunamis.

Imagen de portada | VRID UdeC


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por
Carlos Prego

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