Crítica de Estertor: El espectáculo de la bestialidad

Crítica de Estertor: El espectáculo de la bestialidad

Este 31 de agosto llegará a la Sala Leopoldo Lugones Estertor, el film argentino dirigido por Basovih Marinaro y Sofía Jallinsky que deslumbra por su incomodidad, originalidad y bestialidad. Protagonizada por Cecilia Marani, Vero Gerez, Sebastián Romero Monachesi, Raquel Ameri, Alejandro Russek y Antonio Vázquez, la película propone una mirada sobre cómo se representa la historia argentina reciente para las nuevas generaciones.

«Cuatro empleados asisten a un genocida que padece Alzheimer y cumple prisión domiciliaria. Motivados por el aburrimiento, la desidia y la precariedad laboral, encuentran diversión en hostigar al represor«, es la sinopsis oficial de este film opresivo, completamente inquietante, que sucede casi en su totalidad dentro de un departamento.

Con un registro íntimo que acude en muchos momentos a la shaky cam, la película nos invita a presenciar la lógica de convivencia de estos cuatro empleados y el hombre que se encuentra en estado casi vegetativo: dos de ellos tienen sexo a la vista de todos; otra se dedica a ofrecer un espacio para personas que deseen desquitarse con el genocida y les cobra por ello con reglas muy concretas; mientras que la joven encargada de la cocina parece tratar al enfermo como una mascota para jugar.

Estertor
Estertor (2023)

Dentro de este recinto, las reglas están puestas por los cuatro cuidadores que entre ellos también tienen jerarquías. Reina una suerte de anarquía dentro del orden, algo así como un centro de detención y tortura como los que abundaron en la última dictadura militar de nuestro país. A partir de pistas, la narración deja ver que aquel anciano postrado en una cama es un asesino y que parece no merecer la piedad de nadie, lo cual también abre una discusión moral en el espectador: ¿es justicia sodomizar a quien se dedicó a sodomizar? ¿Hay realmente un espíritu vengativo en estos cuatro personajes o hay solo desidia?

En estos cuestionamientos reside uno de los puntos clave del film: los más jóvenes parecen ser personas muy reprochables moralmente, incluso con fuertes perversiones y muestras de maldad. La cuidadora de mediana edad es la única que hace un mal impulsado desde lo político y la única que remarca el pasado de su empleador.

Así, es válido resaltar la reflexión de los directores: «Las posturas históricas y políticas en relación a la dictadura fueron relativamente claras y definidas, pero hoy encontramos una nueva postura que resulta tan alarmante como desconcertante: la falta de interés por la gravedad de lo ocurrido. Es desde este punto donde partimos para construir la psicología de nuestros personajes y sus relaciones vinculares con respecto al genocida a su cargo y a ellxs mismxs. Su rol como ‘cuidadores’ se invierte al encontrar divertimento en el ejercicio de la tortura sin un motivo aparente, o por lo menos sin una motivación política«.

Estertor es una película completamente incómoda por la conjunción de elementos. Por un lado, un hombre que respira con dificultad, con el que llegamos a empatizar porque de su pasado conocemos solo el relato, pero ahora se ve como una persona deshumanizada. Por el otro, cuatro personas totalmente enajenadas, con comportamientos por fuera de la norma y con el impulso de hacer daño sin una motivación clara. El recinto donde todo sucede se vuelve un espacio de dudosa justicia y escenario para un espectáculo de la bestialidad.

El cine argentino parece haber agotado el relato de la última dictadura militar desde la reconstrucción de los hechos. Así, el panorama se abre a nuevas formas de representación y también a una narración que avance en la historia. Este es el caso de Argentina, 1985 de Santiago Mitre y el documental El juicio de Ulises de la Orden, que abordan los juicios a la junta militar.

Ahora, Estertor propone la revisión de uno de los periodos clave de la historia nacional desde la actualidad. La originalidad del relato no solo reside en su enfoque sino también en el estilo, que tiene reminiscencias al cine europeo contemporáneo y a autores como Yorgos Lanthimos y Ruben Östlund. La película es una apuesta irreverente, novedosa y totalmente lograda por fuera de los clichés del cine independiente nacional, ya que apela al ingenio y a un relato por fuera de lo cotidiano que se aleja de lo complaciente.

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